¡Yo soy introvertida!

Cuando Sara pronunció la palabra “introvertida”, no pude evitar hacer un viaje a mi infancia, recordé que mi mamá insistía en que jugara con otros niños, preocupada por lo que ella definía “portarme bien en exceso”.

Recordé también cuando tenía ocho años y me llevó al psicólogo porque no era muy “sociable”. Ella decía constantemente: “¿cómo yo que hablo ‘hasta por los codos’, mi hija no lo hace?”

Mi mamá vivía en la preocupación absoluta e insistía en un “pórtate mal, pórtate mal” (uno nunca complace, caray), pero ella no sabía que realmente me la estaba pasando bien, que no tenía que convivir con una manada de niños, y es que si tenía amigos, amigos que aún a la fecha los recuerdo con cariño y que marcaron una gran diferencia en mí, eran pocos, pero eran míos.

El error más común que cometen los que aman es creer que lo mismo que les funcionó a ellos, les funcionará también a sus seres queridos, sin darse cuenta que hay mil y un formas de vivir (en realidad hay más).

Con este post me he sentido más libre, es un texto sobre lo que he descubierto sobre mí y que quiero compartir. No soy psicóloga, ni científica, no descubrí el hilo negro, lo que escribo sólo es el resultado de mi afán por ser feliz y sentirme plena día a día, si te sirve, lo comparto y de paso me desahogo.

Si tú te has llegado a sentir como en lo último que he escrito sobre “mi problema de actitud” en otro post titulado “ni bueno, ni malo, sólo diferente” o en “ser callada”, entonces quizá esto también te sirva para entender.

¿Una niña tímida o introvertida?

Crecí escuchando que el ser como era estaba mal, mi mamá insistía en: “¿por qué no eres una niña normal?” (Gracias, Derbez, gracias), frase que hasta la fecha odio con todo mi ser. Viví constantemente presionada con frases como “habla más”, “ten más amigos”, “socializa”, “sal de tu burbuja”.

Y conforme fui creciendo y ya no lo veían como un “ya se le pasará”, las frases cambiaron a “eres una egoísta”, “eres soberbia”, “no quieres a tu familia”, “eres como lo peor de los Forey, lo peor de los Moreno”.

Primero me definían como tímida e introvertida, con el tiempo desaparecieron esas palabras para volverlas más ofensivas e hirientes, entonces seguí creyendo que estaba mal, que ser yo era una maldición que no me llevaría a ningún lado.

De hecho, aún escucho esa frase “pregúntate si ser como eres te ha llevado a alguna parte”, qué triste es todavía escucharla.

Hasta ahora comprendo la diferencia entre introvertido y tímido, y no, no es lo mismo. Sí, cuando era pequeña era más tímida e introvertida, pero ahora sólo soy más introvertida que extrovertida, así de revuelto. Me explico mejor…

Introvertido, extrovertido, tímido… ¿o qué?

Muchos creen que el ser introvertido es una enfermedad, un desorden psicológico o una forma de ser que no te va a llevar a ningún lado. Creen que es una definición negativa sobre tu personalidad, pero están seriamente equivocados.

NO ES UNA ENFERMEDAD, no es un mal que se cure con terapia o medicamentos, es una forma de ser que también se diferencía de la timidez, el aislamiento absoluto, la soberbia, el egoísmo y la hostilidad.

Un introvertido está constantemente interesado en sus propios sentimientos y pensamientos, lo que ha hecho que los cataloguen como “egoístas”, pero no es que no les importen los demás, sólo ocupan mucho tiempo en averiguar qué les pasa y cómo se sienten, no tratan de hacerle daño a nadie.

Otra cosita que me gustaría recalcar: “La introversión no es en sí timidez”, y aunque la timidez tampoco es una enfermedad sí puede llegar a afectar a la persona, porque no tiene relaciones sociales (ni poquitas), no puede tomar decisiones, no muestra su potencial, son nerviosos, padecen ansiedad, y bla, bla, bla, pero…

Un introvertido no es ni ermitaño, ni completamente tímido. Un introvertido SÍ tiene amigos, sí socializa, sí se ríe, sí puede estar bailando en una fiesta y hacer bromas, sí puede tener sus ratos extrovertidos. Olvidemos ya esa imagen de ermitaño relacionada a un introvertido, ¡no es lo mismo!

Lo que sucede es que los introvertidos se sienten mejor estando solos, así se ponen de buen humor, cargan energía y luego pueden volver a un mundo extrovertido, un ratito, no porque estén deprimidos o sean antisociales, sino porque necesitan un rato consigo mismos para relajarse.

“Los introvertidos también nos divertimos, sólo que no nos importa si todos se enteran.”

Insisto, NO SON ANTISOCIALES (somos, en este caso), generalmente les gusta observar y tener conversaciones con personas específicas sobre ideas que no consideran triviales, no porque lo trivial sea malo, sino porque no les interesa, así de simple.

Me pone triste escuchar que en algún momento ser introvertido se consideró como un desorden psicológico, y que lo extrovertido era el orden lógico de la vida, nada más alejado de la realidad, porque es querer aplicar la misma fórmula para todo el mundo.

Las personas extrovertidas son muy valoradas, así los que tienen relaciones sociales sin problema, los que tienen amigos al por mayor, pongámoslo así… “los populares”, son los más idealizados e idolatrados. Mientras que los introvertidos, regularmente son castigados con palabras como “egoístas”, “hostiles”, “ermitaños”, “solitarios”, bla, bla, bla.

Seguimos glorificando a los que andan en manada y no paran de hacer ruido, y pensando que los introvertidos deben ser erradicados, ayudándoles a ser “normales”. ¿Normales? De verdad, ¿normales?

En realidad, estoy convencida de lo que hablan los psicólogos: todos tenemos un lado introvertido y otro extrovertido, sólo que a veces la balanza se va más a un lado, no es que uno sea malo y el otro bueno.

Estar contigo un ratito y convivir con las personas que quieres, aunque sea un grupo pequeño, NO ESTÁ MAL. He escuchado en este proceso de dejar de sentirme mal por ser cómo soy: “Sí, acepta quién eres, pero también acepta que vives en una sociedad”. Estoy de acuerdo, pero pertenecer a la sociedad no tiene porqué convertirme en una persona totalmente extrovertida que NO quiero ser.

Eres introvertido si…

  • Las multitudes te estresan.
  • No te emocionas por conocer nuevas personas.
  • Hablas en público, pero te limitas a conversaciones uno a uno.
  • Te relacionas mucho con personas extrovertidas.
  • Al principio no te gusta platicar, pero una vez que te sientes cómodo, incluso haces las preguntas correctas en el momento correcto.
  • Ignoras cuando alguien te habla por teléfono, prefieres contestar mensajes cuando estés preparado.
  • Te gusta planearlo todo, seguir una rutina y evitar situaciones que estén fuera de tu control.
  • No te gusta hacerte promoción o hablar mucho sobre ti mismo.
  • Te distraes fácilmente, incluso te han llamado “Dori” (LOL)
  • Prefieres tomar los últimos asientos del bus, para salir rápido.
  • Hablas mucho contigo mismo o entablas conversaciones con otras personas, sin que estén presentes.
  • Tienes temporadas de estar solo, pero también de intensa actividad social.
  • Sabes lo que te gusta y lo que no, algunas veces eres muy específico.
  • Prefieres pasar inadvertido, no que seas invisible, sólo prefieres observar el horizonte.

Mientras que un extrovertido se siente mal si está solo, prefiere convivir con muchas personas, se siente con energía y feliz en un ambiente ruidoso. Se adapta constantemente, suele no planear tanto, habla mucho, dicen cómo se siente a quien se le acerque, y las personas se sienten a gusto con ellas por eso. Cool! Suena coqueto, pero yo no soy así.

Consecuencias negativas de mi introspección

Mi introversión nunca me hizo daño, de hecho fue lo que me ha dado lo que más me gusta hacer: escribir. Lo que realmente me hizo daño fue el concepto que los demás me inculcaron sobre el ser introvertido, como algo malo, como algo “shú, shú”, no hay que ser así, eso te va a hacer sufrir mucho.

Entonces, sí que me sentí bicho raro, sí que sufrí, sí que me sentí sola, ermitaña, egoísta, soberbia, no por mi introspección, sino por la idea de creer que es una enfermedad. Lloré mucho y me deprimí más, aunado a muchos otros factores que ahora mismo no son tan relevantes.

Así, me puse constantemente “a la defensiva”, tratando de entender por qué no me querían como soy, por qué me comparaban con las personas extrovertidas, intentando entender también por qué no podía ser como los demás, si me esforzaba, pero sufría en el proceso. El resultado fue, y a veces sigue siendo, desastroso: gritos, lágrimas, groserías, peleas, ataques de ira…

Y es que el ser introvertido te afecta en distintos ámbitos

Padres: Te comparan con tus hermanos extrovertidos, en mi caso somos polos opuestos, no necesariamente tan opuestos jaja. Entiendo a mis papás, ellos querían un equilibrio porque el mundo nos ha hecho creer que el ser extrovertidos te llevará al “éxito”. Sé que ser papá no es tarea fácil y que buscaban lo mejor para mí con base en su experiencia.

Maestros: Tienden a valorar muchísimo “la participación”, tanto que lo ponen como escala de calificación, a veces hasta un 10%, tienes que levantar constantemente la mano para opinar, para hablar. No, no está mal si quieres hacerlo, y los introvertidos no es que no lo hagan, pero obligarte porque “tienes que”, es tan feo como limitar tu creatividad haciendo que memorices sin entender lo que memorizas.

Trabajo: Sí, en México para ganar el puesto más cool tienes que tener dotes extrovertidos, andar de aquí para allá, hablar con el jefe, con el otro jefe, moverte de evento en evento, sólo así te haces presente. Difícilmente un introvertido llega a tener puestos gerenciales, no digo que no pase, SÍ pasa si reconocen su trabajo, pero, seamos honestos… ¿qué tan frecuente es?

Un introvertido no es que no sepa trabajar en equipo, sólo prefiere planear primero, llegar con algo hecho, trabajar en grupos pequeños y terminar trabajando solo, así son más productivos. Pero, eso está “mal visto”, como que no sabes trabajar en equipo. Habría que evaluar realmente a la persona para saber si es que no sabe hacerlo o sólo tiene procesos distintos.

Sociedad y familia: Tendemos a vivir en familias grandes, cuando un introvertido llega a ellas sufre mucho porque “tiene que” estar, convivir, hablar, y cuando no lo hace, es un EMO jajaja, siempre castigando al diferente.

Ah, y en la sociedad en general, lo masivo es lo cool, fiestas grandes y con mucha gente dicen “ay, qué padre, lo quieren mucho”, mientras que fiestas pequeñas son “ay, pobre, nadie vino a su fiesta”. Satanizamos a las minorías, tratando de convertirlas en mayorías, ¿qué somos? ¿tornillos?

“I’m rarely bored alone; I’m often bored in groups and crowds.”

 

Después de esta breve explicación (perdón por el chorote), entenderán que estaba un poco harta, fue entonces que las consecuencias negativas llegaron. Conforme pasaba etapas, de adolescente a universitaria, a trabajadora, a tener pareja, a estar comprometida, a casarme, a tener un bebé, también fue cambiando la forma en la que los demás me percibían y exigían.

Mientras que siendo novia, eres cool, no te sientes tan presionada, puedes ser tú misma con la libertad de ir y venir, quedarte o no si quieres; en otras etapas, las responsabilidades de ser y pertenecer a la sociedad extrovertida son más notorias, entonces tienes que ayudar en la cocina, hacer fiestas masivas, platicar con todos, “ser movida”… etc, etc.

¡Y si eres mamá todo se polariza! Porque tienes que ser, no tienes que ser, tienes que, tienes que, tienes que, en este sentido, más toda la presión con la que viví escuchando que estaba mal ser introvertida, yo creyéndolo y volviéndome cada vez más expuesta al mundo… ¡Exploté!

¡Quiero recargar energía estando sola! ¡Quiero dejar de estar presionada por tener que ser extrovertida! ¡No quiero hablarle a las personas por compromiso o porque así debe ser en una “sociedad”! ¡No quiero ser hipócrita conmigo misma siendo alguien que no soy! Así que, reaccioné mal, con malas caras y más groserías, esto estuvo terriblemente mal, muy mal.

No hay una fórmula única para todos

Sé que el mundo no va a cambiar, que seguirá viendo a los extrovertidos como algo que está bien y a los introvertidos como un mal social que debe ser erradicado. Lo sé, y el aceptarlo también es mi chamba, pero aceptar como soy y disfrutarlo es la tarea más importante en este momento.

Confieso que he llorado mucho gritándole al mundo “¡¿por qué no me quieren como soy!?”, en específico a mi familia, pero entendí que ellos son parte de ese mundo que ven a los extrovertidos como los ganadores, porque son los que, precisamente por su extroversión, se hacen notar como “exitosos”, sin que necesariamente lo sean.

Soy una persona introvertida y con mucho gusto, asombro y admiración lo digo ahora, ya no porque crea que está mal, sino porque ahora entiendo que el serlo no me hace ermitaña, ni antisocial, ni egoísta, ni hostil, ni mamona, ni completamente tímida. Ser introvertida es sólo entender que yo recargo pilas estando conmigo misma, mientras que otros lo hacen con más personas, así de simple.

No sé qué porcentaje de la población sea introvertido, muchos como yo se resisten a ser como lo que el mundo entero dice, habría que tener criterio para entender que lo bueno y lo malo son polos que no se tocan todo el tiempo, es un vaivén interesante, pero eso es sólo criterio.

Cada persona tiene procesos para recargar energía distintos… ¡NO SOMOS IGUALES! Así que por lógica, la misma fórmula no funciona para todos.

Quiero también entender a los que idolatran la extroversión, sé que es muy complicado para ellos aceptar que los introvertidos necesiten tiempo a solas, que no quieran estar entre mucha gente, o que necesiten planear sus días para sentirse bien (aunque de esto no estoy muy segura si sólo es mío).

Quiero de verdad entenderlos, porque sé que para ellos el hablar con muchas personas los ha ayudado a sentirse bien y quieren compartir eso con sus seres queridos, pero quiero también hacerles ver que hay otras formas de vivir, que para ellos eso les funcionó, pero para alguien más, existen otros caminos, quizá con menos personas, para llegar a una meta en común.

No, yo no seré de las que andan de aquí para allá revoloteando y dejando puertas abiertas que quizá nunca vuelva atravesar, yo soy de las que abren una o dos, cerrándolas quizá, pero con la seguridad de que se volverán a abrir si me atrevo a llamar, porque sola no estoy en el mundo.

Debo reconocer, sin victimizarme, que el mundo está hecho para los extrovertidos, pero eso no quiere decir que los introvertidos no tengamos un lugar, al final todos somos un poco de lo otro.

Perdón por el choro, era necesario.
¡Gracias por leer!

Les dejo algunas infografías que les pueden ayudar a entender más las diferencias entre introvertido y extrovertido.

    

Melanie Forey
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