Vuélvete amiga del caos

Hace unos días leí a “Mamá no sabe” contándonos sobre cómo se siente al haber perdido la espontaneidad en su vida, siendo mamá, esposa y profesionista. Me sentí muy, muy identificada.

*Puedes leer su post en este LINK.

Quería escribirle cómo yo me sentía como mamá, pero era tanto lo que quería decir que decidí escribirlo aquí para compartirlo con ella y con otras mujeres, para que sepan que no están solas, porque el no sentirse sola… vaya que ayuda a sobrevivir en esta etapa.

“Mamá no sabe” hablaba sobre cómo los horarios y las rutinas se han apoderado tanto de su vida que eso de ser espontánea, por ejemplo… comer a deshoras, dormirse a la hora que se te pegue la gana, o decidir ir al cine a mitad de semana, es algo que no pasa, impensable, casi imposible, sobre todo si tienes dos hijos. (O eso entendí)

(En mi caso sólo tengo una hija, así que quien tiene más de uno no saben cuánto las admiro).

El origen

Mi vida desde pequeña fue inestable, a veces teníamos, a veces no. Mis papás a veces estaban, a veces no. Al entrar a la escuela casi nunca teníamos todo listo, no había libros, ni libretas, ni todo el material que pedían.

Era la mejor alumna de la escuela, pero la que nunca traía todo el material, la que compraba el libro al último o se lo pedía prestado al que menos le importaba la escuela pagándole con tarea. En fin.

Así el tema de mi vida y otros tantos que también involucraron incertidumbre e inestabilidad, sobre todo lo primero. No me malinterpreten, no fue una infancia fea, pero sí muy inestable.

Entonces, en mi vida “independiente” o de mujer autosuficiente, me he dedicado a tener el control o creer que tengo el control de todo, porque no tenerlo me hace sentir insegura. Porque cuando algo sale de este esquema, me vuelvo torpe y me siento frustrada.

Para evitar todos esos sentimientos, lo que hago es tener todo bajo control. Cuando era soltera era relativamente sencillo porque sólo tenía una persona de quién encargarme, pero cuando comencé a vivir en pareja, todo cambió.

Entonces, tenía que lidiar con los sueños, ambiciones, ideas y sobre todo hábitos de una persona distinta a mí. De repente descubrí que mientras mi “a veces tenía”, para mi pareja era “siempre tenía”, tampoco lo juzgo, pero eso significaba reaccionar distinto.

Mientras para él era “ya saldrá”, para mí era “si no sé cómo saldrá entonces, no saldrá”. Al final para él sí salía, pero para mí no porque me boicoteaba desde el principio, así que decidí tomar las riendas para dejar de sentirme insegura y frustrada.

Todo se potencializó con la llegada de mi bebé, todo tenía que estar controlado por mí, si no me sentía mal. Las rutinas siempre fueron parte de mi vida porque era la única manera de mantenerlo todo bajo control, así que con mi bebé no fue diferente.

Me juzgaron demasiado con el tema de los horarios porque me iba de las reuniones, no iba a las reuniones, bañaba y le daba de comer a mi bebé a una hora muy específica o quería que hubiera poca gente en mi casa, porque paradójicamente me sentía mejor estando sola y todo lo hacía más rápido y bajo control que cuando tenía “ayuda”.

Los horarios se volvieron TAN IMPORTANTES porque era la única forma de poder dormir un poco más, hubo meses de dormir de 3 a 4 horas diarias. “Duerme con tu bebé”, me decían, pero yo tengo que ir a trabajar y regresar a preparar todo para mi bebé, su comida, su ropa, sus medicinas. Gracias por el consejo, pero no me es funcional.

Pide ayuda, me decían, pero la ayuda generalmente es al modo y forma de la otra persona, pero yo necesitaba, por mi historial de control, que fuera a mi forma, así que no resultaba gran ayuda para mí.

Aunque he estado trabajando en este tema, no lo tengo muy resuelto del todo. Necesito controlar mis tiempos, mi rutina, mi vida porque si no lo hago me siento perdida, insegura, torpe y con mucho miedo, esa es mi historia.

Las mamás que aparentemente viven en caos

En todo este drama, comencé a observar a otras mamás, sobre todo las que “trabajan” en la calle o las mujeres descalzas con un bebé en un rebozo atado a su espalda y comencé a preguntarme. ¿Cómo le hacen? ¿Y si tiene reflujo? ¿Y la lactancia?

Entendí que cada una tiene su rutina, quizá ellas no la tengan o sí, pero DEFINITIVAMENTE NO ERA LA MÍA, y su control también era diferente. Entonces, empecé a relajarme tantito, si ellas podían, yo podía.

Hice el ejercicio de pensar en situaciones hipotéticas sobre cómo le harían para alimentarlos, cambiarles el pañal o lidiar con su desarrollo y sus llantos. Todo para calmar también mi ansiedad de control. Pero también entendí que las comparaba con mi realidad y su perspectiva era diferente a la mía, tanto como de mamás que son parecidas a mí. Todas tenemos realidades diferentes, pero sí, de que es difícil, es difícil.

Intenté otra cosa para sentirme mejor, preparar una pañalera de tal forma que si salía a cualquier lado pudiera resolverlo inmediatamente, esa pañalera era de acuerdo a mi experiencia de algunos meses y sobre el comportamiento de mi bebé.

Y aunque seguía en mi estado controlador, intenté dejarme llevar y no importar el horario en el que mi bebé comía, ni que yo comía, en resumen era: DEJAR DE MIRAR EL RELOJ.

Eso lo he intentado algunos fines de semana y ha funcionado para relajar mis rutinas y tratar de convivir con el caos, del que no soy muy afecta.

Otro consejo poco práctico para mí era “no limpies, se va a volver a ensuciar”, pero yo no podía vivir tampoco en ese caos, así que procuraba hacer lo mayor posible cuando mi bebé estuviera durmiendo y dejarme llevar con ella sin prisas.

Así, poco a poco me fui volviendo compañera del caos, enfrentándome a cosas que no puedo controlar, aprendiendo a resolver en el momento, pero sin dejar un poco el control sobre ciertas situaciones. Es difícil, pero ahí voy.

Esto ha funcionado para mí, pero no significa que sea lo mismo para todas las mamás, lo que busco es escribirles mi historia y una vez más decirles que no están solas, de alguna manera hay mamás que también se sienten así: esclavas de la rutina y del reloj.

La exigencia de una misma

Eso de que una misma es la que decide sobre su vida y su destino es cierto, pero también es imposible no escuchar al mundo exterior, porque cuando eres mamá pareciera que todos te observan con lupa.

Si eres una mamá ama de casa, otras mujeres te ven mal utilizando argumentos como “tantas mujeres lucharon por su independencia y tú aquí así”. ¿QUÉ LES PASA? ¿Por qué creen que para que una mujer se realice tiene que trabajar en una compañía y usar tacones todos los días?

Entonces comienzas a exigirte a ti misma ser una excelente profesionista, pero también quieres estar con tu bebé (por instinto, por amor, por naturaleza), pero también quieres responderle a tu pareja viéndote bonita y gustándole.

Otras quieren incluso responderles a sus amigos yendo a sus reuniones porque… “qué cortada, déjale la bebé a tu suegra”, ¿qué es mi bebé, un objeto? Ah, y algunas chicas más quieren incluso darle gusto a la mamá, a la suegra o al suegro, al papá, hasta a la prima…

¡QUÉ PRESIÓN!

Eso del equilibrio entre familia y trabajo, amigos, pareja y una misma… NO EXISTE. Hay que elegir algunas cosas que te hagan más feliz sin importar qué digan los demás, pero todo, no. Al menos no al 100. Ah, y saber que cada cosa que elijas implica sacrificios, pero si lo haces con convicción y amor, nada puede salir mal.

Después de todo esto es lógico que nos sintamos tan abrumadas, que cualquier cosa que salga del plan sea el apocalipsis, al menos para mí.

Hay pocas personas que me entienden, ni mi pareja, ni mi familia, ni amigos lo hacen, mucho menos personas ajenas a mi que no conocen ni mi personalidad, ni historia o carácter.

Los expertos que no son expertos

A la gente le encanta hablar sobre la vida de otras personas, sobre cómo deberían comportarse, ser o educar a sus hijos. Incluso los que no tienen hijos, esos son los peores porque te hablan sobre apego, berrinches y la lista es larga como si fueran expertos en la materia.

Escucharlos no me molesta, me molesta que crean que tienen la razón absoluta para que hagas lo que dicen “a huevo”, aunque… ¿saben qué? Hay MIL Y UN FORMAS DE SER MAMÁ, queridos expertos, tantas como mujeres en el mundo, ¿por qué? PORQUE SOMOS DIFERENTES.

Si todas las mamás hiciéramos lo mismo a la misma hora y con las mismas herramientas, lo que estaríamos haciendo sería formar robots que no sepan enfrentar situaciones adversas, complejas y con distintas personalidades.

Cada bebé es y será el resultado de lo que les enseñemos, y eso sólo dependerá de nuestro origen y decisiones, ¿realmente te gustaría que todas las mamás tomaran las mismas decisiones? Es absurdo porque incluso el carácter y salud de un bebé no es el mismo al del otro.

Tú misma

Lo que me ha funcionado a mí para tener tantita paz, tantita nomás, ha sido esto:

Escuchar a la persona por lo que es, no por lo que creo que es (dándole un doctorado de la vida), eso significa que si es una persona sin hijos o una persona irresponsable, necia y desatenta, no tomarle tanta importancia y dejar de creer que sus opiniones son un reglamento divino. Darle honor a quien honor merece, escuchar y seguir mi camino.

Dejar de quejarme con ciertas personas, no planeo dejar de hacerlo como un “todo en mi vida es perfecto”. No, porque desahogarme quejándome me ha dado impulso para seguir adelante, porque tragarme todo lo que me hace daño, sólo por no “quejarme”, me ha hecho sentir amargada y frustrada.

Hablar con personas de toda mi confianza, esas personas que sé que me abrazarán nada más, sin darme un consejo, que sólo estarán ahí diciéndome “te entiendo” o un “no entiendo muy bien, pero aquí estoy”.

Dejarme llevar, esto es lo más difícil porque por mi historial, no es tan fácil hacerlo porque la incertidumbre me mata y es doloroso, pero sé que ahora no soy una niña indefensa, soy una mujer que podrá resolver lo que se le presente y que no estaba previsto. SOY UNA MUJER FUERTE, INDEPENDIENTE Y ALTAMENTE CAPAZ.

Conocerme a mí misma y dejar de buscar aceptación. Estoy harta de buscar que las personas me acepten, porque descubrí que quién no se aceptaba era yo. Cambiando a placer de algunos y de otros, pero sin darme cuenta que a quien nunca le daba gusto era a mí misma.

Dejar ir personas, a veces serán buenas personas, pero no están en tu mood o no aportan a tu vida, alejarte no está mal sobre todo si te exigen que cumplas una posición en la que ahora mismo no quieres estar. Si no estás dispuesta, es mejor decir adiós y buscar estar con personas que te llenen de paz y no de frustración y culpa.

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Mamá no sabe: te entiendo perfecto, pero no sabes cuán espontánea eres al escribir o cantando la gallina pintadita con tu hijo, no sabes todo lo espontánea que eres sonriéndole a las ocurrencias de tu bebé, o lo espontánea que eres al preocuparte por tu país.

Tú eres una mamá muy espontánea que toma la iniciativa de hablar increíble de su marido como su mejor cómplice, como esa persona que le da paz y amor a su vida. Tomas la iniciativa de hacer lo mejor para tu familia. Eres tan espontánea en la forma en la que demuestras amor.

Mi respeto y bendiciones para ti.

Melanie Forey
Written by Melanie Forey