Razones por las que lo extraño

Lo veo todos los días, pero es tan diferente. La rutina nos cambió los temas de conversación y hasta la forma en la que solíamos mirar al cielo.

Tenemos una muy buena razón para ser diferentes, muy, muy buena, aunque confieso que extraño mucho cuando éramos inmaduros y nos tomábamos más a la ligera el clima.

No éramos la clásica película romántica, ni teníamos un clip de minutos contando nuestra divertida, romántica, tierna y apasionada historia. En realidad, éramos un thriller, intenso y con partes muy dramáticas.

Fuimos aprendiendo en el camino más que del otro, de nosotros mismos, rehusándonos a tomar responsabilidad de nuestras emociones, pero compartiendo las mejores, también las peores, aunque me gusta más recordar las primeras.

Fue casualidad y destino encontrarnos, así nos fuimos conociendo, nos salieron más arrugas, subimos y bajamos de peso, nos fue pesando el tiempo cambiando nuestra perspectiva de la vida y cómo queríamos vivirla.

Éramos libres, aunque no sabíamos qué tanto y solíamos esclavizarnos en reclamos, ocupando el tiempo en asuntos sin resolver que no valían la pena. Ahora, extrañamos la libertad que desgastábamos, porque la tenemos, pero con medida.

Lo extraño mucho, lo extraño más por lo inmaduros que éramos, viviendo con intensidad cada sentimiento, como si fuera el fin del mundo. Ahora solemos hacer menos olas, aunque con lloviznas constantes, nada de qué preocuparse, pero no tan calmo como nos gustaría.

Lo extraño porque solía sentirme protegida, ser la indefensa que necesitaba un abrazo y después convertirme en la mujer a la que el mundo le quedaba chico. Extraño acurrucarme y sentir alivio mientras dormía, dormía y dormía. Ahora, soy la protectora.

Lo extraño porque caminábamos tomados de la mano, aunque hubiera momentos incómodos, lo extraño porque ahora nos faltan manos para cargar la vida que decidimos llevar con más amor, pero también con más responsabilidad.

Lo extraño porque mis decisiones no tenían consecuencias inmediatas como ahora. Todo se mueve más rápido y al mismo tiempo tan lento, porque no sé en qué momento llega el viernes y no lo disfruto como antes, y porque quisiera que los días tuvieran más de 24 horas.

Lo extraño porque solía incomodarlo con cariños torpes, constantes y acosadores, ahora prefiero cerrar de vez en cuando la burbuja para estar un ratito conmigo misma, porque ya no tengo esos cinco minutos, o veinte o mil ocho mil minutos para mí, sólo para mí.

Lo extraño porque nuestras discusiones no tenían efectos sobre terceros, o eso creíamos, ahora cualquiera de ellas repercute, sin que lo pretendamos, en la vida de alguien más que depende completa y absolutamente de nosotros, al menos por un rato.

Lo extraño porque yo misma solía ser diferente, con preocupaciones que se disipaban con el tiempo y voluntad, pero ahora sé que aunque pasen los años, siempre habrá una que vivirá en mí, pidiendo que ella sea feliz por el resto de su vida, aunque esté del otro lado del mundo y no se despierte en la noche para buscar mi consuelo.

Lo extraño porque solía mirarlo de lejos, aunque no estuviera presente, tratando de imaginar la vida que ahora tenemos. Imaginar y no vivirla, suele ser muy diferente. Porque sabíamos lo que pasaría, pero no lo que se sentiría. Así que sí, extraño soñar mientras lo veo.

Extraño su cercanía, mis reproches, su postura, su conversación, su libertad y la mía. Estamos cambiando y extrañarlo es parte del proceso, porque yo no entendía de etapas que maduran, se esfuman y se quedan para siempre, hasta que lo conocí.

Esta etapa está volviéndose más fuerte, representativa y renovadora de lo que imaginé, porque no sólo lo extraño a él, me extraño a mí. Lo cierto es que si no existiera esta etapa, hubiera sido mucho más complicado aprender en un camino sin tantos altibajos, ni depresiones, ni emociones polares, ni noches largas sin dormir.

Hubiera sido complicado porque no lo hubiera extrañado a él, ni a mí, hubiera tardado un poco más en valorar quiénes somos juntos y solos. Valorar y amar lo que somos a pesar de lo que respiramos a diario. Gracias por el caos y también por esa paz que estoy consiguiendo poco a poco en medio de tanto lío.

Te extraño.

Melanie Forey
Written by Melanie Forey