Primer trimestre: náuseas

¡Se terminó mi primer trimestre! Y sí, como decían algunas notas en Internet y amigas ex embarazadas, fue realmente horrible, creo que nunca me había sentido tan mal físicamente en mi vida.

Vomité tanto que superó todas mis borracheras y crudas por un buen rato, creo que dejaré de beber hasta los 50, ya pagué una cuota de malestares estomacales muy alta y no quiero pagar más, no me sale.

En este trimestre no sólo me sentí mal, sino que también me quejé como nunca, tuve mal humor por sentirme mal, y me sentí mal de sentirme mal. También me aislé totalmente porque era la mejor forma de padecer sin estresar tanto a la banda.

En fin, definitivamente los síntomas del embarazo ¡apestan! Y recalco “síntomas”, porque muchas personas te ven feo cuando dices que “¡apesta!”, no sé por qué tienen la idea de que si rechazo los síntomas rechazo también a mi bebé. No es así.

Cuando me sentía mal en ningún momento odié o rechacé a mi bebé, no quise los “síntomas” que no es lo mismo. Aprender a separar me hizo entender que NUNCA me debo sentir culpable por reconocer cuando me siento mal, porque “aguantarse” es una forma muy estúpida de sumisión.

Además, tampoco debía sentirme mal por sentirme mal, como si realmente estuviera rechazando a mi bebé, cuando no es así. Yo lo espero con toda la emoción del mundo y ansio ver hasta su popó, primero su carita obvio, pero lo espero tanto, lo busqué tanto, que estoy tan infinitamente agradecida de que haya pasado.

Pero sentirse mal “no está padre”, punto.

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El sentirme mal por sentirme mal fue resultado de distintas expectativas sobre el embarazo, lo que yo creí que era, lo que yo idealizaba y lo que también las personas idealizan sobre esta situación. Entiendo que cada familia lo vive diferente, pero hay muchas cosas similares que causan frustración, no sólo para la embarazada, también para la familia.

Aquí lo que entendí:

Expectativa

La que te venden las revistas, las celebridades, los medios de comunicación, los productos para bebés y tantas, tantas cosas. Cuando nunca has vivido un embarazo de cerca y te ilusionas con la idea de quedar embarazada, miras todo eso y lo ves “perfecto”, se ven taaaaan bonitas embarazadas, quieres verte igual.

Pero NUNCA te muestran la realidad completa. En las películas cuando alguien resulta embarazada le dan vómitos y náuseas dos días y luego está increíble, obvio no van a enfocarse en eso, pero te la compras, crees que igual no te dan o ni siquiera piensas en eso.

Cuando ves a celebridades vestidas increíble con su pancita y sonriendo en las fotos, crees que te sentirás maravillosamente bien, todo lo que pudiste haber pensado sobre las náuseas, las estrías y los malestares no existe más.

Idealizar esta parte es un shock súper fuerte, porque cuando realmente estás en la situación te das cuenta que no es así, que las fotos mienten, los medios mienten, o sólo te muestran un pedazo de la realidad. ¿Quién quiere ver a una mujer vomitando todo lo que come y eructando como vato o tirándose pedos majestuosamente? ¡NADIE!

Así que yo pensaba que el embarazo sería maravilloso, lo creía tan firmemente que cuando se me cayó la venda de los ojos me sentí muy mal y sólo quería sentirme como antes, odiaba a las personas que veía bien porque yo quería estar en esa situación.

Sólo me ayudó en este proceso el realmente aceptar mi situación, quejarme cuando quería porque se vale, y seguir adelante reconociendo que me siento mal, pero que sólo es una etapa que pasará.

Es muy distinto a decir “me aguanto”, más bien “reconozco que me siento mal y pasará”, es más honesto para mí. De aquí deriva mi siguiente expectativa.

Expectativa tradicional mexicana

“El bebé es lo importante, tú no, tú pasas a segundo término”. ¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué no estar en el mismo nivel de importancia? Si yo estoy mal, el bebé estará mal, pero eso no significa que tenga que aguantarme o ser una mártir.

Todos mis estudios salieron perfecto, cada cita a la que iba el doctor me decía que estaba bien mi bebé. Yo me sentía mal físicamente y me sentía más mal porque la gente me decía que no puedo sentirme mal, porque “le hace daño al bebé”. ¿Y entonces? ¿Cómo? Si se me quitaran los malestares creanme que yo no tendría ningún problema en estar bien.

Mi mamá lo dijo muy bien: “El bebé está bien, tú eres la que te sientes mal”, en pocas palabras me ayudó a sentirme menos culpable por quejarme y por sentirme como me sentía. Esta tradición mexicana sobre que la mamá tiene que aguantarlo todo, sonreír aunque te sientas de la chingada, soportar todos los síntomas con la mejor de las sonrisas porque “si no le hace daño al bebé”, o porque es una bendición, es poner en un segundo término a la mujer.

No, no estoy en segundo término, yo también importo y mi bebé al mismo nivel que yo, sé que está indefenso y yo lo tengo que cuidar y eso hago, y eso haré para toda mi vida, pero los cuidados y condición en la que nos encontramos no tienen que ver con la importancia de la persona. ¡Los dos somos importantes!

Realidad

Tanto la expectativa de las revistas y la expectativa mexicana nos crean una idea de embarazo idealizado. La mujer lo padece físicamente y emocionalmente y los que están a su alrededor también, porque también tenían un ideal de embarazo que no se cumple y entonces: la frustración.

Me SIENTO MAL físicamente, MUY MAL, pero el muy mal no quiere decir que me vaya al hospital. Sí, a veces exagero porque lo que busco es un “pobre, todo va a estar bien”, en lugar de un regaño “no te pongas así, le va a hacer daño al bebé”, entonces me reprimo buscando únicamente consuelo, es sólo consuelo.

Lore lo dijo bien, “es un proceso personal, la gente puede compartirlo pero no lo entenderá”, estoy de acuerdo. No busco que la gente me quite los síntomas, no busco más que consuelo y un apapacho porque entiendo que es algo que tengo que pasar yo sola, porque por más que quiera repartir mis náuseas, no se puede.

Entiendo que hay ocasiones en las que debo moderarme porque sí se sienten incómodos, la gente en general se siente incómoda (sobre todo la que te ama) de verte mal, porque se sienten impotentes de querer ayudar y en ese proceso la cagan más, por eso a mí me sirve aislarme, así me quejo cuanto quiero sin incomodar. No lo hago muy bien, lo reconozco.

La frustración es algo que se siente en la familia, por esa misma impotencia de querer verte bien, lo entiendo, pero en este momento no estoy para atenderlos, seguirán siendo MUY, MUY importantes para mí, pero como no soy toda poderosa empezaré por atenderme a mí y procurando con pequeñas acciones sentirme mejor, cuidando a mi bebé, porque estamos juntos en este momento las 24 horas del día.

Quienes tengan idealizado el embarazo como una etapa de unicornios, arcoíris, colores mágicos y ropita de bebé, les digo que sí pasa, pero no es el 100% de la situación, también está la contraparte, muy desagradable por cierto.

**

Bueno, se terminó el primer trimestre, aún no se van por completo mis náuseas, pero ya no me siento tan mal como al principio. Ahora hay otros malestares, sí, porque mi cuerpo crece y voy a reconocer estos malestares y aceptar como lo hice con las náuseas, como una etapa que pasará en lugar de decir “me aguanto”, es distinto.

En este momento, estoy viviendo una etapa que ansiaba vivir, no que disfrute al cien, pero sí que ahora quiero vivir con todas las fuerzas de mi corazón, reconociendo mi fortaleza física y emocional sin hacerme a un lado, porque mi bebé se merece una mamá que se ame para que le enseñe a amarse a sí mismo.

¡Gracias por leerme!

amoramimisma

*Ilustraciones: Agustina Guerrero.

Melanie Forey
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