Para ti, mi Bebesauria

Hace poco, me hicieron ver que quizá me estaba quejando mucho sobre lo que implicaba la maternidad. Lamento mucho que se vea como una queja, para mí es un desahogo y una crónica muy detallada sobre lo que estoy viviendo en este momento. Pero…

Quizá sí suene mucho a queja, quizá sí lo sea, quizá quejarse es en sí un desahogo, quizá, no lo sé, así que a esa personita o personitas que lo hayan pensado, les doy la razón. Todo esto me ha puesto a pensar que si mi pequeñita en un futuro leyera sobre lo que he escrito, se pudiera sentir no querida, no deseada y/o culpable.

¡No quiero eso!

He intentado en cada post que escribo sobre mi maternidad, dejar claro que el cambio brutal al que me he enfrentado estos meses, y el que lo haya padecido tanto, nada tiene que ver con el amor que siento por ella, que sólo son miedos, desamor y un tanto un abandono de mí hacia mí.

Que es una transformación a algo mejor, a entender quién soy yo, de dónde vengo y saber por qué me rehuso tanto al cambio (en general), por qué me siento insegura, sola y por qué no puedo pedir ayuda tan fácil. En fin, sólo una metamorfosis muy personal.

Es por eso que decidí escribir este post, para hablar de lo bueno que ella me ha dado, de eso pequeñito de lo que todo el mundo habla y que te engrandece la vida, para que Val en un futuro lea esto y sepa que la amo y amaré por el resto de mis días y más allá, incluso cuando el planeta Tierra desaparezca en implosión o explosión.

Ella es lo que más he deseado

La esperé tanto, la deseé tanto y de verdad, aunque suene a cursi cliché, es el fruto de un amor muy grande, que a veces no entiendo, como si el Universo hubiera puesto a dos monitos en el mundo para pelearse todo el tiempo, pero sin que puedan estar el uno sin el otro. Así que creo firmemente que ella estaba en nuestro destino.

Despertar despeinadas y peinarnos en el proceso

Es muy divertido despertarme junto a ella, porque evidentemente amanezco sin lentes (ni que fuera la Chilindrina) y voltea a verme con carita de confusión. En cuanto me pongo las gafillas, su primera reacción es una sonrisa. Ella sabe que mamá es ese ser de cuatro ojos que la llena de besos.

Verla alimentarse

El asunto de las papillas no fue algo que disfrutara plenamente, pero cuando se termina todo lo que le preparé, la que realmente lo disfruta soy yo, es un placer absoluto.

La emoción por los juguetes

Puede estar llorando, berreando, pero en cuanto la pongo junto al juguetito que cuelga de su puerta, sólo estira sus manitas para jugar con él y jalarlo con fuerza, entonces sonríe.

Los juguetes que deja en el camino

Me refiero a esos juguetes que le eran más divertidos cuando tenía apenas dos meses, ahora los toma diferente o los ha olvidado. La ranita que casi no pelaba, la pela ahora, ya sabe cómo usarla y yo grito de la emoción cuando va utilizando poco a poco juguetes nuevos.

Los paseos

Nos acomodamos muy bien con el porteo, así podemos salir a pasear Coco, Val y yo. ¡Ama los paseos! En cuanto salimos lo que hace es empezar a balbucear, no le importa el chupón, ni el frío, ella observa al mundo y cómo se mueve.

Lo que más amo de los paseos es cuando descubre mi voz y voltea hacia arriba sorprendida, buscándome, me observa por unos segundos y luego continúa con su exploración paseística.

Balbuceos, babitas y sonrisas

Esa pequeña boquita tiene trucos muy divertidos, esos balbuceos, trompetillas y el sonido de su vocecilla son una ternura que rockea. Babea más que Coco, sonríe más que yo y habla más que su papá. ¡Tan cool ella!

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El pañal sucio

Recuerdo que cada vez que mi mamá me llamaba me preguntaba: “¿Pipí, popó? ¿Todo bien?” Ahora entiendo todo. Una se preocupa mucho si lleva dos días sin hacer popó, bueno, más bien si pasa un día y no ha hecho popó, así que cuando lo hace y en el color que debe hacerlo, uuuuf, ¡eso es nice!

La hora del baño

Ella lo odiaba, de verdad lo odiaba, ahora lo empieza a disfrutar y nosotros con ella. ¡Ya se sienta! Así que empieza a jugar con juguetitos, salpicando en su tina y sonriéndole a su papá cuando la carga para meterla al baño. Es de esas imágenes que guardaré en mi caja de “recuerdos especiales mentales” almacenada en mi torpe cabecita.

La mirada padre e hija

Él fue la primer persona a la que le sonrío, generalmente lo hacía dormida o con los ojos cerrados, pero un día cuando él llegó del trabajo y la saludó, ella le respondió con una sonrisa, entonces yo los ví, lo ví a él con una mirada que no le conocía, tierna y derretida.

El gusto por Coco

Coco es mi perrito y ha estado súper celoso desde que Val llegó, no se le acerca por nada, pero eso sí le ladra desesperadamente a quien se le acerque (típico comportamiento de hermano mayor). Ella lo ama, ama verlo moverse, le sonríe y lo busca. Añoro verlos jugando y siendo cómplices. De verdad, espero que pase.

El movimiento de lombriz

Adoro cómo van cambiando sus movimientos, primero algo tiesos, lentos, ahora desesperados y fuertes, tratando de controlar sus pequeñas extremidades. Amo más cuando busca objetos voltéandose, cuando se toma los piecillos con las manos, cuando está boca abajo y levanta el cuellito como tortuga.

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Su olor

Sí, es aroma a bebé, pero a bebé Val: una combinación de galleta con queso (¡jhá), es por eso que la he apodado maldosamente “Señorita huele a queso”. Una forma divertida de enfrentar su problemita de reflujo y el pretexto perfecto para llenarla de besos y decirle que todo estará bien.

El que me tome el dedo y también el pelo

Cuando tiene mucho sueño y toma su biberón, se acomoda en mis bracitos y agarra con toooda su manita mi dedo índice, como si se sintiera segura aferrándose, entonces se queda profundamente dormida, con una paz inexplicable que nunca había visto en alguna persona.

Ah, y cuando “me toma el pelo”, retórica y literalmente, jaja… parece que mi cabello es otro juguete, de esos que cuelgas y jalas. ¡Auch, duele, muñequita! Pero ella sigue emocionada, no sé si porque heredó el talento de su padre de molestarme o porque le causan risa mis reacciones.

Sus carcajadas y chiveadas

Ama mis voces de ewok más que mis canciones de cuna, ama cuando le hacemos bizco mientras sacamos la lengua, ama cuando la aventamos en lugar de hacerle cosquillas, lo sé porque se carcajea si lo hacemos. Ah, y después de eso cuando le damos besos y sonríe, se chivea y voltea su carita buscando refugio.

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Reacciones físicas 

Cuando tiene hipo, cuando le da un pequeño escalofrío, cuando estornuda y me escupe, cuando hace trompetillas o se echa un gasesito (perdón, hijita, por contar tus intimidades… no te preocupes a esta edad, todo se oye lindo y tierno) uuuuh y cuando eructa, digna hija de su padre (porque yo soy una princesa, yo no me echo gases, ni eructos, ni nada de eso marrano jeje)

 

¡Tiene toda la onda!

Prefiere el Rey León a la Bella y la Bestia, puede ver completo “Hakuna matata”, pero se distrae en cuanto comienza el baile romántico. Prefiere el león a su muñeca rosa, odia los moños en la cabeza, pero se le ve muy cómoda con los gorritos de “orejitas”.

Es más atenta a la envoltura de los regalos que al regalo en sí, le encanta el chisme pues si estamos platicando es poco probable que llore. Le encanta cuando su papá toca la guitarra y tiene toda la onda para vestirse, jaja, esa soy yo.

El berrinche bipolar

Al principio no sabía si le faltaba algo, le dolía algo, tenía comezón, era el reflujo, pero ahora la leo mucho mejor y sé que le encanta la compañía, cuando me voy tantito mientras la dejo en su gimnasio y no está en el mood, comienza el berrinche, pero es un lloriqueadero característico.

Eso sí, en cuanto llego no sabe si reír o llorar, sonríe, llora, sonríe, llora y termina sonriendo. ¡Eso es control de emociones! Jaja.

La mordedera de cobijas

Tiene a la jirafa Sophie, tiene mordederas, tiene chupón mordedera, pero prefiere morder sus cobijas que tienen textura de borreguito, o texturas suavecitas de sus juguetes. A mí me encanta verla porque a ella le vale el orden lógico, le importa un carajo el “las cosas están hechas para algo”, y la verdad quién soy yo para limitar su creatividad.

Que sienta paz si está conmigo

Podría seguir y seguir, pero la verdad quizá les dé huevita leerlo. Lo demás lo disfrutaré como se debe, en el momento y para siempre, y procuraré hacérselo saber todo el tiempo. Sólo quiero terminar este post contándoles sobre la felicidad que siento cuando ella está en paz conmigo.

En cuanto la cargo si está llorando, si la consuelo porque se siente rara con algún extraño, cuando incluso con su papá llora y conmigo se hace un silencio y un sueño absoluto. Cuando esconde su carita en mi cuello y me sonríe, sólo me sonríe, porque yo sé (porque lo he sentido) que no hay mejor lugar que los brazos de mamá.

¡Ella convierte un holocausto zombie en el lugar más feliz del mundo!

¡Te amo, BebesauriaVal!

Melanie Forey
Written by Melanie Forey