Para qué te sirve realmente la escuela

A mí me encantaba ir a la escuela y no lo digo avergonzada, tampoco lo digo como si fuera un mérito especial y maravilloso, es sólo un hecho: me encantaba ir a la escuela.

Puede resultar algo extraño porque en muchos casos, ir a la escuela era un fastidio que se podía evitar haciéndote el enfermo, durante las vacaciones y hasta yéndote de pinta.

Pero no, en realidad a mí me castigaban con “no ir a la escuela”, y a mí me fastidiaban un poco las vacaciones porque no había mucho qué hacer y me aburría. En fin, hasta la fecha recuerdo mi etapa escolar como una muy feliz y gratificante.

Me encantaba el olor a útiles nuevos, libros nuevos, me encantaba cambiar de uniforme, salir al recreo, nuevos profesores, nuevos “logros desbloqueados”, mochilas nuevas y hasta nuevos lentes.

Pero en realidad, me gustaba ir a la escuela por dos razones: Aprender y crear. Amaba escuchar a los profesores, y tuve la fortuna de tener a muchos que les apasionaba su trabajo así que en lugar de contar hechos, datos o cifras… contaban historias.

Para mí, ir a la escuela era como escuchar anécdotas impresionantes, imaginarlas y vivirlas. Me encantaba ligar una historia con otra, me sentía asombrada de lo que escuchaba, no era fastidioso y no prefería estar en ningún otro sitio.

Y lo que más amé fue crear, desde escribir, hasta hacer una maqueta o una marioneta con retazos de tela. Crear con mis manitas y con mi mente lo que fuera, incluso si se trataba de resolver una ecuación, eso se sentía bien muy bien. ¿Saben a lo que se siente un “Eureka”?

Ah, y todo eso tenía grandes satisfacciones, una de ellas: el respeto de mis compañeros y maestros. ¡Gracias!

APRENDER Y CREAR sigue siendo algo que me encanta y que me dejó como legado la escuela, pero cada quien tiene formas diferentes de verla y recordarla, para mí fue esta.

Lo que sí creo que puede ser mucho más común y casi para todos es lo que puede dejarte la escuela: disciplina, orden, compromiso, responsabilidad, amabilidad, sociabilidad, astucia y hasta limpieza.

Yo no estoy a favor del: “Te mando a la escuela para que me traigas dieces”, pffff que mala frase, un diez no determina cuánto aprendiste, por el contrario te limita a un número y no a un real aprendizaje, obligándote en muchos casos a perderte experiencias por obsesionarte con un número, ¡¡¡¡un sólo número!!!! habiendo tantos en el universo.

Tampoco estoy a favor de los que viven demasiaaaadas experiencias, me refiero a los que en lugar de estar en un aula se van de pinta cada vez que pueden, molestan a los compañeros y crecen “demasiado rápido”, pero en fin, cada caso es… y saben, sui generis.

Pienso que lo que realmente aprendes no son hechos, ni cifras, ni fórmulas, aprendes HÁBITOS BUENOS y esos hábitos buenos son los que te harán conseguir lo que quieres de tu vida. 

Las personas siguen creyendo que la disciplina es un castigo, ya les he platicado un poco sobre lo que es para mí la disciplina, aquí el  LINK. 

Pero además de la disciplina, el compromiso y la responsabilidad que adquieres, es lo que te ayudará a ser más libre, independiente y a vivir más pleno.

Porque no sólo se trata de llegar a tiempo a tu trabajo o a una cita familiar, no sólo se trata de lustrar tus zapatos o de seguir ciertas reglas para una “sana convivencia”, se trata también de HACERTE RESPONSABLE de tu vida, tus actos, tus decisiones.

La escuela te ayuda a  socializar con distintos tipos de personalidades y capacidades, a respetar al prójimo tanto como a ti mismo. Y te ayuda a ser astuto para lidiar también con personas que no son de tu agrado.

Los HÁBITOS BUENOS son los que te deja la escuela, pero tú decides entre elegirlos o cambiarlos por HÁBITOS MALOS, en este sentido sería hacer trampa, se irrespetuoso con tus compañeros, saltarte las reglas e irte de pinta metafóricamente en la vida haciendo responsable a los demás de lo que haces y culpando a los otros de lo que te pasa.

Quizá no recuerdes quién fue el primer presidente de México o cuál es la capital de Durango, quizá el promedio de tus calificaciones durante tu etapa escolar haya sido entre 6 y 8, pero si conseguiste hacerte responsable de ti mismo sin culpar a nadie más, si te comprometes con disciplina a lograr lo que deseas sin hacerle daño a nadie. Si eres amable, puntual, prolijo, amoroso y respetuoso… para mí, ¡ERES UN CHINGÓN! Incluso si no fuiste a la escuela.

Porque la escuela te ayuda a aprenderlo, pero no lo hace por ti.

¡Gracias por leer!

Melanie Forey
Written by Melanie Forey