Nuestra historia

Nuestra historia es extraordinaria porque es nuestra, y aunque al final es historia, porque ya no somos los mismos, lo cierto es que contarla es placentero en este momento de mi vida, porque si voy a utilizar mis recuerdos en el presente, será para hacerme feliz.

Conocerlo ha sido un experimento intenso, una verdadera montaña rusa desde el Everest hasta el centro de la tierra. Jamás había estado tan tranquila, pero al mismo tiempo tan ocupada.

Nunca había considerado observar qué me pasaba y cómo lidiar con mis emociones, porque consideraba que todo estaba bien, hasta que él me hizo ver que no era así. Esos extremos han sido uno de los mejores aprendizajes de mi vida, simplemente porque me hizo moverme y el movimiento es evolución.

Hoy escribo cómo nos conocimos, desde mi perspectiva, como regalo para él por el 14 de febrero, y para ustedes como morbo y amantes de las historias comunes y corrientes.

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Fue a mediados del 2010, estaba súper emocionada porque tenía un nuevo trabajo, odiaba el anterior por el horario (11 pm a 8 am), y el nuevo tenía el plus de poder entrar a una cabina y grabar mi voz, sonaba muy bien.

El día que lo conocí no había dormido mucho, fui al nuevo trabajo porque me pidieron grabar e ir a cubrir un evento, pero no había renunciado y tenía que regresar a terminar la semana. Estaba exhausta y no iba en mi mejor look (aún tengo el chaleco salvavidas que llevaba ese día). Además, estaba lloviendo.

Él estaba sentado, muuuuy relajado para mí, tenía una playera amarilla y jugaba con un lápiz o bolígrafo, no recuerdo bien. Joaco me dijo que él me iba a dirigir. Creo que ambos nos subestimamos por apariencia.

Ni yo tendría la gran voz, ni él sería lo suficientemente bueno para dirigirme porque, como yo pensé en ese momento, era tan solo un becario.

Grabar fue rápido, sin mucho qué contar, pero yo me fui con la misma idea: era demasiado “chavito” para dirigirme, porque en realidad no tuvimos la oportunidad de demostrar el talento de cada uno.

No volví a verlo sino hasta la junta de todos los lunes por la mañana para resolver pendientes. La productora era pequeña, así que era fácil verlos a todos juntos dentro de una sala. Él llegó de los últimos, por eso fue inevitable verlo, llevaba una mochila amarilla y la misma actitud relajada del primer día que lo vi.

Fue cuando me presentaron a cada miembro del equipo cuando descubrí que él no era ningún becario (vaya que las apariencias engañan), era el Director Creativo y no, no tenía 18 años como pensaba.

Ese día Rulo, otro compañero de trabajo, me invitó a comer con ellos. Fue una tarde muy común: ir a comer, volver al trabajo, platicar con la nueva, platicar con los nuevos. No sé si recordaría esto si él no fuera mi esposo, lo que sí sé es que desde que empezamos a salir comencé a acumular recuerdos.

Era un momento complicado en mi “vida amorosa” (qué gracioso es ese término), había terminado una historia de una manera demasiado intensa para mí, tenía el corazón roto y muchas dudas sobre cómo seguiría mi camino por mi cuenta. Y aunque entendí lo que la canción decía, me sentía muy triste.

Él se convirtió en una buena dupla de amigos, cómplices de travesuras y borracheras. Era una química atada a mis ganas de estar mejor, de sonreír y olvidarme de lo que había pasado. No fue difícil sentirme cómoda conviviendo con él, porque lo que más gusta de su esencia es que ama mucho la vida.

No puedo ser irresponsable y contar lo que él vivía en ese momento, sólo sé que terminó siendo honesto con lo sentía sin pensar mucho en consecuencias. Sé por mucho que su intención nunca fue traicionar, ni hacerle daño a nadie. Pero esa es sólo su historia.

Me sentía tan bien con él que aprovechaba cualquier reunión para estar cerca, en esas fiesta no pensé en él como mi pareja, no pensé si me gustaba o no hasta el día en que lo besé. Al principio, torpes, después de unos minutos bastante experimentados. Me sentí completa.

– ¿Qué harías si te pidiera que fueras mi novia?
– Diría que sí.
– ¿Qué harías si te dijera que ya te lo pedí?

Los días corrieron, pero la fiesta se fue acabando y comenzamos a descubrir nuestros demonios y carencias. Demasiado rápido o imprudente, ya estábamos en el camino y no queríamos zafarnos.

Tuvimos un duelo individual estando juntos, porque cuando las salidas y las copitas de más se acabaron y volvimos a la rutina, nos encontramos con una persona distinta a la que habíamos idealizado y ese error lo hemos guardado en el bolsillo por años, sin darnos cuenta que se puede echar a perder.

Ambos queríamos escapar, sentimos la adrenalina de la aventura, y cuando una persona siente esa adrenalina, emoción y euforia, es fácil convertirse en un ser atractivo. Es por eso que después de estos años, ha sido una gran sorpresa el que hayamos aceptado la euforia, pero también la angustia y el descontento una vez que llegó la desintoxicación.

Nuestra historia no ha sido la más romántica, pero sí ha tenido sus momentos románticos. No estábamos sanos cuando nos conocimos, pero quisimos sanarnos juntos, aún no lo logramos, pero agradezco la intensidad, porque al no estar tan estática, encuentro grandiosas oportunidades de sentirme más plena sin estar atada a pasados, historias o ideales.

Escribí esto con la intención de contar que no fue un amor a primera vista, que no estábamos en el mejor momento de nuestras vidas, que no nos habíamos sanado, ni teníamos la disposición de hacerlo. No sabíamos cómo lidiar con nuestras emociones y nos dejábamos llevar por el pasado con una intensidad absoluta.

Todo eso para entender que el amor que le tengo, ha sido el resultado de una REVOLUCIÓN interna, de tomar el peor momento de mi vida y convertirlo en pasado y dejarlo ahí. Es recordar al “chavito becario” que conocí y sonreírle mientras le doy gracias por invitarme a comer ese día en el estacionamiento.

No fue el mejor momento, no éramos las mejores personas, no tuvimos el mejor inicio, no fue como en las películas, no ha sido tampoco como dicen las canciones cursis. Con todo esto entendí que debo dejar de pensar en el futuro que nunca llega y de obsesionarme con el pasado que ya se fue.

Las experiencias que vivimos son sólo una guía para resolver la inmediatez, no para dictar la experiencia presente. No hay el momento oportuno, sólo el momento. Tómalo y enamórate, yo por lo pronto me enamoré de él.

Ayer no fue nada, hoy lo es todo.

Melanie Forey
Written by Melanie Forey