Minorías, “ni bueno ni malo, sólo diferente”

Solemos atacar a las minorías buscando extinguirlas, el proceso en algunos casos se hace con total propósito, en otros, es tan involuntario como inconsciente. No sé por qué lo hacemos, ¿miedo? Quizá. En mi caso es por un corazón roto, ¿será así en todos los casos?

Hablo de las minorías, no sólo aquellas que son más evidentes en los últimos días como gays, discapacitados, presidentes, o todas juntas, sino de las minorías que no son notorias a simple vista.

“Ni bueno, ni malo, sólo diferente”, lo he dicho muchas veces, pero no es cierto, tiendo a juzgar más de lo que me gustaría. Y eso que yo pertenezco a ciertas minorías a las que llegué sin darme cuenta.

Tomaré un ejemplo: las familias… si son o no felices, funcionales o no, la mayoría está conformada por mamá, papá, hijos y… en muchos casos un montón de familia anexa: tíos, primos, sobrinos, bla, bla, bla.

En México tienden a ser “muéganos”, incluyendo a toda esa familia anexa, es común, es mayoría. Yo no pertenezco a esa mayoría, soy más bien una minoría no tan evidente, porque al final crecí con papá, mamá y hermana, pero…

Estamos acostumbrados a andar solitarios, independientes y poco sociables. Por mucho tiempo pensé que eso estaba mal, porque la mayoría decía que así lo era, pero ya no lo pienso más. Y es que también soy una minoría dentro de mi minoría (jhá).

Todos los modelos familiares tienen sus errores, sus propios corazones rotos y sus anhelos más profundos, pero eso no quiere decir que ser como el resto nos va a quitar nuestros malestares.

Mi incomodidad radicaba en pensar que volverme como los demás me daría seguridad, estabilidad, armonía y felicidad. No, no es así. El problema es que quería extinguir la minoría de la que provengo y en esa lucha me di cuenta que a mí me gusta ser como soy.

Eso como ejemplo, pero en muchos otros casos, las mayorías se vuelven aplastantes, fuertes, pero ciegas, queriendo destruir sin antes ver la belleza de lo diferente. No entienden que el mismo modelito no encaja para todos.

Hablo de algunos casos como:

  • El “raro” de la escuela que no le habla a nadie.
  • La mujer que decide ser madre sin una pareja (sí, así lo decide, nadie la abandonó)
  • El que no barbea al jefe en la oficina.
  • El que no quiere una familia y prefiere ser “forever young”.
  • El que no quiere un trabajo de lunes a viernes.
  • El que prefiere vivir en una casa pequeña a una mansión.
  • Los gays formando una familia, de dos o más. 

Y así tantos ejemplos…

La minoría responde

Responde y responde mal, porque está acosada, acechada y juzgada, así que está constantemente a la defensiva exigiendo que el mundo la acepte tal cual es, pero sin aceptarse a sí misma. 

En mi minoría, me di cuenta que estoy tan enojada porque el mundo entero me dice que el ser como soy está mal, que reacciono con palabras duras y cara de fuchi, defendiendo mi derecho a ser tal cual soy.

Entonces, entendí que quien también buscaba eliminar esa minoría era yo. Al intentar hacerle cambiar de opinión a muchos sobre la forma en la que me ven, pierdo fuerza y batallas innecesarias. Con tan sólo aceptar que la mayoría es así y yo soy asá, basta. Estoy de acuerdo “al pueblo que fueres, haz lo que vieres”, pero regresar a ti, no tiene nada de malo. 

Y es que pretendemos que todo mundo piense igual, sienta igual y razone igual, porque pensamos que lo que somos o cómo nos comportamos es lo correcto, porque así lo vivimos, así nos lo enseñaron y “así tiene que ser”, pues qué hueva. Tenemos derecho a ser minoría, diferentes, y a que nos guste serlo; pero también la mayoría tiene el derecho de criticar lo que no le gusta (sin justificar la violencia). 

Tomando un ejemplo muy casual, los que hacen marchas contra los matrimonios gays, ok, tienen el derecho de hacerlas. ¿Los gays van a dejar de formar familias por eso, independientemente de si les dan o no el derecho constitucional?

Que el mundo entero apruebe cómo son las minorías y que las deje ser sin juzgarlas no pasará muy pronto, pero que la minoría se autodestruya y sin darse cuenta, eso sí es preocupante. Y aquí algo más que aprendí: ni tú tendrás al mundo que quieres, ni el mundo tendrá al que quiere de ti.

Acéptalo, sonríe y sigue adelante.

 

Melanie Forey
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