Mi problema de “actitud”

Yo le llamaría un problema de “intolerancia” y sí, tiene mucho que ver con la actitud con la que voy por la vida últimamente.

Me he topado con que algunas personas hacen referencia a mi problema de “actitud”, caso grave. Al principio me enojé y al enojarme me di cuenta de que sí, tienen razón, tengo un problema qué atender, pero no sólo es ser jetona, tiene que ver con algo más allá.

Y es que… “la mula no era arisca… los palos la hicieron ser”, y no me estoy justificando, sólo explico un poquito, nomás como cortesía. Los que me conocieron desde pequeña saben que si ahora soy callada, en ese entonces era diez mil veces más callada, seguía rutinas, reglas y difícilmente me salía de ellas, lo hacía con timidez y sumisión absoluta.

Ahora, el asunto es que no encuentro un equilibrio. Resulta que me cansé de muchas cosas que yo permití, por inmadurez, por abandono, por inseguridad, por mi propia personalidad y por el ejemplo que vi durante mucho tiempo. Pero poner límites o decir lo que pienso a estas alturas, cuando nunca lo hice, no es tan bien recibido.

No tengo experiencia al hacerlo y las personas se acostumbraron a que hacía las cosas sin chistar, así que toman mi “actitud” como un ataque, sobre todo porque me cuesta mucho trabajo ser asertiva y mi nueva forma de comunicarme parece dura e intransigente, porque solía ser muy “dulce”.

He de reconocer que a veces hablo muy fuerte o enojada, pero otras ocasiones sólo trato de poner límites que antes no ponía. Lo que me di cuenta en el proceso es que las personas no toman muy bien los límites, y te tachan de mamona porque no haces lo que quieren, o porque no estás de acuerdo con lo que piensan. Lo sé porque a mí también me pasa.

Por otro lado, está que sí, me he vuelto más intolerante y rebelde, sin darme cuenta que el mundo es así como es, que no lo puedo cambiar y aceptarlo es la mejor forma de disfrutar el proceso, lo malo es que no lo hago y me frustro intentando que las cosas funcionen “a mi manera”.

“Pues no, muñequita linda, el mundo no se volverá a tu forma”, eso me digo constantemente, aunque no me hago mucho caso, porque me enojo si las cosas no salen como creo que deben de salir, eso es un defecto mío muy chafa, y súmele el hartazgo de la sumisión con la que vivía, po’s no está padre.

Resulta que estoy en una etapa de transición en la que no hago lo que el mundo quiere, pero también en la que tengo que aprender que ciertas cosas serán como son y no puedo cambiarlas, que tengo que adaptarme. También estoy aprendiendo a aceptar la forma de ser de los demás, es justo porque yo pido lo mismo para mí.

No, no me gusta el mundo como es ahorita porque me he dedicado a ver lo que está chafa y he terminado muy frustrada, eso me ha llevado a ser más intolerante y por consiguiente jetona y con problemas de “acttitud”. Aclaro que lo reconozco sólo bajo algunas circunstancias, en otras creo que sólo puse límites o defendí mis derechos y no les gustó.

La verdad me había tardado en escribir sobre esto porque creí que les daría armas a todos aquellos que han hablado sobre mi “actitud”, como si fuera un problema para relacionarse conmigo, armas para decir “¿ya ves?, sí tienes un problema”.

Pero, después pensé que no era explicarles por qué me estaba comportando así, sino una forma de desahogar mi frustración y poder ser referencia para alguien que esté pasando por lo mismo. Siempre fui sumisa y tímida, ahora soy un poco pedera e intolerante, nomás me falta encontrar el equilibrio y… ¡PUM!

pum

De todo esto aprendí algunas cosas:

  • Adaptarse no es dejar de ser quién soy, al contrario, es una forma de ir más ligera y vivir feliz. La adaptación tiene que ver con el medio en el que me desenvuelvo, las personas con las que me rodeo y las etapas de vida.
  • Aceptar quién soy y amarme, quiere decir que debe dejar de importarme tanto lo que piensen los demás sobre mí, aunque sea difícil, sobre todo porque me importa lo que piensa las personas que amo, no tanto las otras. Habrá quien esté de acuerdo con lo que pienso, quien no, pues no, así de simple.
  • Aceptar a los demás, dejar de ser tan criticona. Las personas también tienen una historia del por qué son como son, si hacen algo para ser mejores o no, ese ya no es mi problema.
  • Sonreírle a las personas que no me caen muy bien, no es hipocresía, es educación, clase y elegancia. Sonreír no quiere decir que me vaya a tomar unas chelas con esa persona o que le tenga la confianza del mundo. Sonreír es sólo una forma de no darle importancia a lo que no la tiene. (Lo aprendí, pero no lo llevo a cabo muy frecuentemente)
  • Dejar de tratar de cambiar al mundo con mi opinión, el mundo es de formas tan distintas y con matices tan grandes, que decir que una sola fórmula resuelve un problema universal es una tontería. Hay distintas formas de ver la vida, la mía puede ser la más acertada para mí, pero no para los demás y eso no me hace ni más grande, ni más pequeña.
  • Estar enojada con el mundo entero por el abandono, el maltrato y el abuso hacia mí, no es justo, aquellos que se pasaron de listos conmigo no recibirán su castigo si yo “castigo” a los demás. Desquitarme con otras personas, sin quererlo, es hacerme daño porque siempre terminaré como una loca frente a esas personas que no entienden mi comportamiento y la neta… ¡qué oso!
  • Poner límites no quiere decir que tenga que ser grosera o utilizar un tono fuerte para que me entiendan. Comenzar con un “entiendo que tú…” es una buena forma de hacerlo, sobre cosas o temas que no cambiaré no por necia o intransigente, sino porque esa forma de ser o de actuar me gusta y es parte de mi esencia, es respetar quién soy y no cambiar sólo porque a los demás no les parece.
  • Aprendí mucho más, sólo pienso que eso es lo más relevante. Si tú también estás pasando por una etapa de intolerancia, tómala como de transición, ya vendrá algo mejor si aprendes a relajarte… y mira que yo odiaba que me dijeran “relájate”, pero si lo escuchas bajo otro contexto y no como una forma de reprimirte, ayuda muchísimo.

Total, el enojo, la frustración y la intolerancia te ayudan a tener el coraje de ser fuerte y defender ante tus ojos quién eres. Lo malo es cuando eso lo utilizas como pretexto para dañar a los demás, eso no está padre. Creo que así surgió Libertad (mi álter ego) sólo falta pulir su personalidad.

¡Besos y abrazos a todos los intolerantes!

Y como dato curioso:

Nietzsche (a través de la figura de Zaratustra) presenta tres transformaciones del espíritu:

Cómo el espíritu se convierte en camello, cómo el camello se convierte en león y como el león se convierte en niño.

El camello simboliza a los que se contentan con obedecer ciegamente, sólo tienen que arrodillarse y recibir la carga, soportar las obligaciones sociales, obedecer sin más a lo valores que se presentan como creencias.

El camello que quiere ser más se transforma en león, el león no tolera que nadie le toque ni se inclina ante nadie para ser cargado. Simboliza por tanto al ser humano liberado de las cargas morales y sociales.

Representa el gran negador, el nihilista que rechaza todos los valores tradicionales. Su poder se consuma y agota en el esfuerzo por la rebelión: en sí mismo aún hay mucha resistencia y rigidez, no hay verdadera soltura del querer creador, no ha llegado a sí mismo, a su propia riqueza de vida.

Pero también el león tiene necesidad de transformarse en niño, superar su autosuficiencia para poder vivir libre de prejuicios y crear una nueva tabla de valores.

El niño es inocente y es juego, pero también es creador. Sólo el niño consigue la espontaneidad de lo vivo. Está libre de prejuicios y puede crear nuevos valores. El Juego de crear, y decir sí a la vida, a lo que le rodea y a lo que está por llegar.

Con la imagen del niño, Nietzsche está describiendo la moral del Superhombre, que se convierte en un arte de la vida. Un arte capaz de transformar la vida para ser algo digno de ser vivido y amado.

nietzsche_transformaciones

Melanie Forey
Entradas creadas 191

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones relacionadas

Comienza escribiendo tu búsqueda y pulsa enter para buscar. Presiona ESC para cancelar.

Volver arriba