Lo bueno de la visita del Papa a México

Vaya que la visita del Papa causó movilización de notas, fotos, redes sociales y personas. En mi caso, no había visto algo tan masivo por un Papa en México desde la última visita de Juan Pablo II, a Benedicto ni siquiera lo fumé (ooops!).

Bueno, como en todo acontecimiento importante a últimas fechas, con los medios digitales y las redes sociales que proveen inmediatez y estupidez, no necesariamente al mismo tiempo, esta visita fue amada y odiada. Insisto, como cualquier otro acontecimiento últimamente.

Las personas ahora tienen un medio muy atractivo para quejarse: las redes sociales, así que era de esperarse alguno que otro hater lo criticara todo, pero no hablo de las personas que realmente tenían un argumento, sino de los que hablan por hablar, aunque no sepan de lo que están hablando.

Por ejemplo, que si se gastó muchísimo para traer al Papa “¿y el pueblo, qué?”, que si Presidencia privilegió a algunos al estar en las gradas al recibir al Papa “¿y el pueblo, qué?”, que si Angélica Rivera y su vestimenta (aquí he de reconocer que sí los apoyo, me caga). Que si el recibimiento fue un circo, porque se le debería de dar un trato de Jefe de Estado.

Que si algunos tuvieron el privilegio de ver de cerca al Papa quitándole el lugar a las personas que “sí lo necesitaban”, (¿sí lo necesitaban?, mi pregunta es “¿quién decide eso”?) Otros decían que este Papa no tuvo la afluencia de gente que el Vaticano requería para legitimar al nuevo Papa y seguir manteniendo su poderío internacional. En fin, en fin. Quejas y quejas.

“¿y el pueblo, qué?”

Cada una de ellas tiene su argumento y no lo niego, yo prefiero leer a las personas que escriben calmadas y expresan su opinión con argumentos e incluyen algo positivo, aunque no tengan todas versiones, que los que nomás critican nomás porque sí, casi todas esas personas se simplifican en un argumento “¿y el pueblo, qué?”

Pues, desde mi punto de vista, el pueblo recibió un lindo mensaje aunque no haya estado entre los “privilegiados” de estar cerca del Papa, aunque no haya sido amigo de Presidencia, aunque crea que la culpa la tiene el gobierno de TODO, y aunque no sea Angélica Rivera, Belinda o Anahí.

El Papa es una persona, ¡no es Dios! Ya sé, es un representante, pero también va al baño, se enferma, se enoja (estuvo clarísimo), sonríe, ama y pide. Tenerlo cerca sí causa ansiedad porque significa más de lo que les gustaría a algunas personas.

Pero, si lo vemos por el lado positivo, el Papa es un símbolo, independientemente de la persona, es un símbolo de amor y esperanza. Yo apoyo al amor, la esperanza no me gusta porque tiene que ver con “esperar” a que pase algo bueno, a veces confundiéndose con no hacer nada, sino sólo esperar. Bueno, en fin.

Un mensaje positivo 

A lo que iba es que si estuviste cerca, lo tocaste, o no tuviste ese “privilegio”, el Papa trajo un mensaje de amor para México. No es un Jefe de Estado cualquiera, simplemente porque primero es religioso, no político (aunque parezca que así es). ¿Los protocolos, qué?

Y el mensaje de amor no lo veo por un lado cursi, sino por el que también es divertido, espontáneo, enojón, agrio, luchón; un amor que se ensucia, pero que se puede limpiar. El amor, lo que signifique para ti y a lo que le tengas amor, pero con algo de miedito de equivocarme, el amor entendido como la razón para vivir.

Si el Papa te tocaba no significa que ya estés puro y casto y ya vayas al cielo, ¿o sí? Para mí es mejor verlo como ese símbolo de amor y perdón, incluso a ti mismo, porque muchas veces se nos olvida amarnos a nosotros mismos. Un símbolo que representa algo abstracto como el amor, porque aunque haya definiciones, cada quien lo entiende como quiere.

Ese símbolo no tiene por qué pasar y olvidarse, fue un símbolo que invadió a México con mensajes positivos, en pensar en los demás, en pensar en ti mismo, en pensar por tu país y qué puedes hacer para demostrar el amor que le tienes a todas estas entidades.

Mi trabajo y creo que también el tuyo es pensar sobre ese mensaje de amor (aunque no seas católico). Al final, el amor es universal, ¿o no? Definiéndolo como tú quieras. Es un proceso más abstracto que la lógica, el dinero, los partidos, Peña Nieto, Angélica Rivera, es algo que hay que sentir, y sentir no es fácil porque a veces no se entiende con lógica.

Ojalá en lugar de ser haters y criticar, pensáramos en lo rescatable de cualquier acontecimiento, ¡de cualquiera!, aprender de ello y ser una mejor versión de la persona que te caga.

Eso pienso.

Melanie Forey
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