La envidia, el error en tu sistema

Qué vergüenza es reconocer que sentimos envidia, tanto que lo disfrazamos diciendo “pero es envidia de la buena”, qué vergüenza y cuánta impotencia.

Ya antes había escrito sobre las comparaciones en un afán de tenernos más comprensión, de ser menos injustos con nosotros mismos, pero también quiero hablar ahora de algo que suele dañar mucho más: la envidia.

Esa envidia que sientes cuando deseas poseer lo de alguien más y cuando por no obtenerlo, te vuelves triste, inseguro y lleno de ira.

Pasa de muchas formas, yo he visto y experimentado al menos tres. La primera cuando no sabía que existía y al verlo en alguien más, lo quise. La segunda cuando lo deseaba, pero no lo obtuve y cuando lo ví en alguien más, me enfureci colericamente.

Y la tercera cuando no lo tuve, nunca lo deseé, ni lo quise, y muy probablemente ni lo querré y aun así me molesta que haga feliz a alguien más (un poco más complejo, lo sé).

Cuánto daño hace la envidia, a ti mismo, pero también suele dañar al otro cuando por arranques de impotencia terminas desahogando tu frustración evitando que eso “bueno le siga pasando.”

Muchas veces en acciones, pero otras con sólo palabras, esperando que surja algún chisme de esa persona que te haga sentir una supuesta paz cuando algo malo le sucede, o uniéndote a conversaciones en las que no hacen más que criticar y encontrar puntos débiles para destrozarla.

El principal problema es que no te ves a ti mismo

Uno siempre suele ver “la punta del iceberg”, teniendo presente sólo lo que queremos ver, pero nunca vemos el camino que recorrieron esas personas para obtener lo que tienen, y tampoco queremos entender lo que suelen ocultar tras ese aparente “éxito”.

Cuando llego a sentir envidia, me pongo triste, pero también hay otros momentos en los que me enojo diciendo “por qué yo no”, “por qué a mí me cuesta tanto trabajo”, “Claro, si yo tuviera las mismas oportunidades, la historia sería diferente”, “si yo hubiera tenido eso”…

La realidad es que me enfoco en alguien más en lugar de en mí misma, y me compadezco pero volviéndome víctima y no, si en aquellas ocasiones me hubiera detenido a pensar que lo que viví me hace lo que soy ahora y que si me costó “el doble” es porque shit happens, seguiría mi camino mucho menos frustrada y más en paz.

Agradecer los bienes del otro

Agradecer lo que tienes es difícil, pero agradecer lo que tienen los demás CUESTA EL DOBLE, porque no es fácil entender que si los otros son felices y están bien, eso significa un mundo mejor, un mundo mejor en el que TÚ VIVES.

Y no lo digo yo, lo dice Newton y a él sí que le tenemos que hacer caso: “A toda acción corresponde una reacción”, la felicidad, bienestar y paz de unos puede representar en un futuro tu propia felicidad.

Si intentas detener el proceso, cuando te des cuenta, estarás atrapado en tu misma mierda con una gran dificultad para salir de ella, no imposible, pero ya bastante enlodado, y bueno sí, es aprendizaje y bla, bla, bla, pero el tiempo no volverá.

Esto he intentado, por si te sirve…

Cuando vuelvas a sentir envidia, por favor detente y trata de ponerte en los zapatos de la otra persona. No preguntarte por qué lo tiene, sino cómo le hizo para obtenerlo, todo esto en una duda auténtica para encontrar una guía, pero OJO, nunca una fórmula única.

Ahora, ¿estás dispuest@ a realizar los mismos sacrificios, seguir el mismo camino? ¿Estás dispuesto y realmente lo quieres? ¿Lo quieres de verdad y de corazón o sólo crees y supones que así serás feliz? Porque terminarás mucho más frustrado cuando lo tengas y no sea para ti.

Pregúntate si realmente lo quieres o es una falsa idea de que si obtienes lo que la otra persona posee, tú llegarás a tener felicidad, esa que tanto buscas.

Quizá… si lo piensas muy bien, su situación no va muy bien contigo y por personalidad, gustos y forma de vida, tú reaccionarías muy diferente a esa dichosa situación. Entonces, ¿realmente es para ti? Quizá no.

Medita mucho más sobre tu propio camino, aprende a reconocer tus logros y a entender por qué eres como eres y ama eso que eres ahora.

Agradece los bienes de la otra persona pensando en ti, porque si empiezas cambiando eso, quizá alguien más pueda hacerlo y así no tendrás atrás a otra u otras personas envidiosas tratando de ponerte el pie.

Enfréntate a lo incómodo, si sueles pasar de largo o evitar a ciertas personas creyendo que así dejarás de sentir envidia, estarás evadiendo algo inevitable: sentir envidia por otra persona.

Entonces, enfréntate a esa persona, salúdala, trátala con respeto aunque te consumas por dentro y NUNCA LE HAGAS DAÑO tratando de evitar que le pase algo bueno.

Deja de unirte a chismes, deja de buscarle el punto débil a las personas para tratar de sentir paz, deja de juzgarlas, criticarlas. Mejor…

Analiza, observa, cuestiona, ámate y agradece lo que tiene el otro, siempre agradece, agradece mucho.

La frustración, la impotencia y la infelicidad sólo se irán cuando reconozcas tu valor y te tomes el tiempo de meditar y reflexionar sobre lo que TÚ REALMENTE QUIERES, porque cuando lo encuentres, no te importará lo que hagan los demás.

Enfócate en ti y en lo que quieres ser, yo estoy en eso, eh… a veces sigo siendo una vieja envidiosa con ciertos aires de chismosa.

¡Gracias por leer!

Melanie Forey
Written by Melanie Forey