La cesárea

Pues sí, fue cesárea, yo esperaba que fuera parto natural y todo indicaba que así lo sería, pero al final, como les conté aquí, no hubo dilatación suficiente. Yo no quería cesárea por estas razones…

  • Porque había leído mucho sobre cómo viven los niños que nacen por cesárea, cómo se sienten cuando crecen y otras fumaderas en las que creo, de esas en las que luego tienen que ir a constelaciones familiares para arreglar el asunto. En fin, quería que fuera de la forma más natural y amorosa para mi nena.
  • Por el tiempo de recuperación, yo esperaba poder hacer más cosas llegando a casa, soy demasiado activa y me siento un poco rara cuando tengo que pedir ayuda o depender de alguien para cubrir mis necesidades. Sabía que la cesárea lo impediría por algún tiempo.
  • Porque quería estar lejos del quirófano, fue mi primer cirugía y la verdad no fue una experiencia que quiera repetir como tal. Pero que sí repetiría si fuera necesario. Claro, si me vuelvo a embarazar y mi bebé corre peligro.
  • Porque no puedo ver a personas convalecientes, me pongo mal, me baja la presión y sabía que estaría en una cama con una aguja en mi mano, con dolor y necesitando ayuda para pararme.

La cirugía

Después de horas de labor de parto, decidimos que fuera cesárea por los motivos que mencionó el doctor: Muy difícilmente habría dilatación y podría haber sufrimiento fetal, aunque yo aguantara más contracciones.

Cuando empezaron a prepararme, tomé la decisión de relajarme y dejar que todo fluyera, quería estar bien cuando llegara mi nena a este mundo, voltearla a ver y que fuera el momento más lleno de paz y amor de mi vida. Fue así, pero no como yo esperaba. Más abajo les cuento por qué.

Para las que no hayan vivido una cirugía así, voy a detallar un poco para que tengan una idea. De lo que me acuerdo, te ponen unas medias de compresión, porque te hinchas, preparan la zona que van a abrir limpiándola, te colocan una gorrita para cubrir tu cabello y te llevan al quirófano. Claro, yo ya estaba sólo en bata y con la anestesia raquídea.

Ya en el quirófano al que escuché fue al anestesista, explicándome qué era lo que iba a sentir en las piernas y asegurándose de que estuviera dormida la mitad de mi cuerpo. El hecho de que fuera buena onda y me explicara, me hizo estar más relajada, o al menos yo así me sentí. Ya estaba ansiosa, pero procuraba relajarme para que todo saliera bien.

Ver las luces del techo del quirófano forma parte de mis recuerdos, esperando y pidiendo que todo saliera bien, porque aún me resistía a la idea de que fuera cesárea. Cuando no llegaba mi esposo, pregunté dos veces por él, me decían que ya vendría, quería verlo y sentir a alguien que conociera conmigo. Taparon la mitad de mi cuerpo, minutos después llegó mi esposo y empezaron la cirugía. Todo bien hasta que comencé a temblar de frío. Mi esposo todo el tiempo tomó mi mano, fue un alivio.

Pero no paré de temblar, era un frío que no había sentido en mi vida, comencé a quejarme de dolor. El anestesista me dijo que era por la anestesia, no me dijo que me calmara, lo cual lo agradezco porque no me asustó, sólo lo tomó normal y pidió una manta isotérmica para quitarme el frío. Creo que era eso, una especie de mantita de plástico que se infla con el calor.

Recibí a mi nena titiritando de frío y asustada por el efecto. Escuché su llanto y vi cómo se la llevaban para limpiarla. Ya más calientita por la manta, me obligué a relajarme, no podía recibir a mi nena así, me la pusieron cerca y le hablé: ¡Hola, chiquita! Y después me dio mucho sueño. Mi bebé y esposo se fueron, pero siguió el procedimiento de cirugía.

Poco a poco se fueron yendo los que participaron, primero mi doctor, luego la asistente, y por último el anestesista. Platicaron como platicarías en tu trabajo, pero para mí fue una experiencia súper fuerte, por los motivos que mencioné al principio. No me gustan los hospitales, ni su olor, ni lo que hay ahí, ni ver personas convalecientes.

Al final sólo quedaron una enfermera y un camillero que me llevaron a la sala de recuperación donde pasé dos horas. Ahí me dormí, ya no podía con el cansancio, el frío y creo que el hambre. Lo más cómico fue una paciente que llegó gritando “me duele, me duele”, “denme agua, llevo 12 horas sin tomar agua”, creo que desesperó a los enfermeros. Al menos yo me quejo sólo en mi blog o con ciertas personas de confianza jaja.

Me pusieron una sonda, seguí con la aguja en mi manita con cosas que no entiendo y una toallita sanitaria, porque tienes sangrado (sea parto normal o cesárea), así llegué a mi cuarto a las 2 de la mañana, mi esposo estaba esperándome, yo moría de ganas de verlo a él y a mi nena, pero a mi bebé sólo la vería hasta el día siguiente. Igual no sentí el tiempo, dormí y dormí.

Cuando empezó a bajar el efecto de la anestesia, comenzó el dolor. Estaba sucia, en una cama y viéndome como no quería, convaleciente. Pero cuando llevaron a mi bebé, todo se me olvidó (tal como lo dijeron mis amigas que sería). Me quitaron la sonda, el reto fue ir a hacer pipí, bañarme y caminar. ¡Qué dolor!

Aunque el doctor dijo que tengo un umbral del dolor alto, no me imagino lo que sentirían mujeres que no. Creo que más que el dolor lo que sentía era miedo y desesperación. Al segundo día ya me pude bañar sola y me dieron de alta. Caminaba por la habitación y me sentaba en el sillón de la habitación, despacito, pero yo solita.

La recuperación

¡Qué chinga! Todo duele, bueno más el abdomen, sentarse duele, caminar duele, bañarse duele, estornudar y reírse duele. No está nada padre, pero pasa, ahora ya lo puedo contar así, pero en el momento me desesperé mucho porque, insisto, no estoy acostumbrada a pedir y recibir ayuda.

La primera noche no pude dormir en mi cama, dormí sentada en el sillón, porque era la única forma en la que podía descansar sin que me doliera mucho. Ya sin medicamento entrando por mi venita, lo que me quedaban eran las pastillas para el dolor, supongo que no tienen el mismo efecto, pero poco a poco pasó.

Estuve fajada con vendas y lo complementé con otra faja, aquí abajo les pongo cuáles. Los pies también se me hincharon, parecían de elefante, no hice mucho al respecto, pero pude haber utilizado las mismas medias de compresión que me pusieron en el quirófano, levantar los pies. Lo que sí hice fue tomar té de arnica, fue entonces cuando se me desinflamaron, bueno todo yo se desinflamó.

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*Medias de compresión.

Utilizar vendas es complicado porque necesitas de dos personas para que te fajen, entonces tenía que esperar a que mi esposo y suegra estuvieran disponibles. He de confesar que mi mamá me dio esos baños de hierbas para embarazadas, como tipo temazcal, y no sé si fue eso o que ya estaba mejor, pero todo se me desinflamó y me sentí increíble.

Ya podía moverme más, eso, la faja (aunque son muy incómodas), y el té de arnica hicieron maravillas para que yo pudiera regresar poco a poco a mis actividades. Como dijo mi amiga Gisela, “si eres valiente, todo pasa”, y esa frase se me quedó en la cabeza durante la recuperación.

Aquí les comparto cómo es la onda de la fajada:

Vendaje abdominal

Fajas post parto

Yo usé esta faja en grande, mediana y chica conforme me fui desinflamando.

faja postparto

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Aquí les dejo otras opciones, consulten a su doctor antes. Sobre todo el tiempo de uso, no recomiendan usarla por la noche ya que puede provocar asfixia. Infórmate antes. 

Afortunadamente, la lactancia materna sí se me dio gracias a unos prácticos protectores obsequio de Marianita, son increíbles. Creo que esto también contribuyó a mi recuperación. Eso fue una fortuna porque conozco casos en los que no hay suficiente leche y tanto mamá como bebé se desesperan y sufren mucho.

protectores avent

*Protectores AVENT.

Algunos términos que debes conocer

Puerperio: Período de tiempo que dura la recuperación completa del aparato reproductor después del parto, que suele durar entre cinco y seis semanas (o sea, la cuarentena).

Entuertos: Se conocen como dolores de entuerto o calambres del útero,  y los causa tu útero cuando se contrae para ir regresando al tamaño que tenía antes del embarazo. Este proceso se llama “involución”. Los entuertos se sienten como tipo cólicos y son un signo “de que las cosas van bien”, hay que asumirlo así.

Loquios: Los loquios uterinos son secreciones vaginales que contienen sangre, moco cervical y restos de placenta. Se producen porque después de cualquier tipo de parto, ya sea cesárea o parto normal, el útero comienza a volver a su tamaño natural y necesita eliminar los restos del embarazo. Durante los primeros días los loquios o flujo vaginal serán de color rojo oscuro y se parecerán a un periodo menstrual intenso. Así que prepárate con varias toallas higiénicas.

Depresión posparto: Puede surgir en cualquier momento durante los dos primeros meses después de tener al bebé. Los síntomas son tristeza, irritabilidad, fatiga, insomnio, dificultad para concentrarse, cambio en apetito, ansiedad, preocupación, dolores de cabeza, sentimientos negativos. Para muchas mujeres, la mejor cura para la depresión posparto es una combinación de iniciativa propia, apoyo, tratamiento psicológico y medicamentos.

El tema emocional

Ya que pasó todo, me dio el bajón gacho, recordando a las personas convalecientes que había visto en mi vida. Definitivamente me trauman los hospitales, las cirugías y todo lo que tenga que ver con ellos, pero esa soy yo, cada persona puede vivirlo diferente.

Me sentí muy deprimida porque realmente quería que fuera parto normal, de verdad, lo deseaba mucho. Entonces me puse muy triste, aunado a eso el hecho de estar tan expuesta ante tantos doctores, enfermeros y personal del hospital me hizo sentir muy vulnerable y es una situación en la que a mí en lo particular no me gusta nadita.

Que te estuvieran tocando con el famoso “tacto” para ver si dilataba, no es algo que quiera contar, pero que cuento nomás como parte de la experiencia. Y es que de por sí es un reto para mí ir al ginecólogo o hacerme un papanicolau por mi pudortz :(, esto fue extremoso. Me sentí aún más expuesta, abierta, partida en dos.

Luego estaba la preocupación de los que esperan, mis papás, mis suegros, mi esposo. Quieren ayudarte a sentirte mejor, pero ni yo sabía cómo ayudarme. Invadida en mi espacio, en mi cuerpo, rodeada de gente que no conocía, que sí conocía. Necesité un tiempo para llorar, para estar conmigo misma y para apapacharme yo solita diciéndome que todo estará bien. ¿Por qué?

Porque es difícil que te entiendan en ese momento, sí, se preocupan por ti, pero también por la bebé. Yo misma estaba más preocupada por moverme para atender a mi hija que en mi recuperación. Ya en el embarazo lo veía venir, lo importante es el bebé, y estoy de acuerdo, mi bebé es lo más importante para mí, pero necesitaba también de mí, un momento a solas de tantas visitas, de tantas personas a mi alrededor.

Esto soy yo, porque a mí me gusta tener mi espacio, quizá haya personas que lo tomen mejor respecto a tantas visitas y personas que las atiendan. Yo, que soy una persona particularmente independiente, que no pide ayuda y que le gustan sus espacios a solas, esto de la cesárea rompió con todo. Fue y sigue siendo una buena lección de vida, porque sé que tengo que aprender a vivir nuevas cosas con la llegada de mi bebé.

Ese momento para llorar y desahogarme fue también maravilloso. Aceptar que la cesárea fue lo mejor para mí y para mi bebé, aceptar la ayuda, porque también la necesitaré mucho de ahora en adelante. Empezar a recibir a más personas a mi vida porque mi bebé se merece todo el cariño y amor posible, y porque así de chiquita atrae el amor y esperanza. Todo esto es lo que tengo que aprender, respetar y amar. Mi bebé se merece ser ella misma y toda la felicidad del mundo.

Si te pasa o te pasó…

Quiero que sepas que si pasaste por una cesárea, te admiro por todo lo que conlleva una cirugía como ésta, y porque ahora estás cuidando a tu bebé con todo el amor del mundo, que te entiendo si te pasó lo mismo que a mí y que respeto lo que sentiste.

Si no lo has pasado y es probable que lo pases, quiero que sepas que si quieres quejarte o desahogarte sin sentirte juzgada o criticada por ello, conmigo puedes hacerlo. Que entiendo que quieras llorar y desahogarte aun estando en la etapa más feliz de tu vida, tan te entiendo que fomento la lloriqueadera, porque es un tiempo para ti, para tomar un respiro para lo que viene y porque TÚ TAMBIÉN ERES MUY IMPORTANTE.

Al final, como dijo Lore, mis náuseas y todos los padecimientos de los últimos meses fueron sólo un entrenamiento muy leve para lo que viene después y tomarte esos ratitos para llorar e incluso decir “no puedo más”, paradójicamente son momentos que te dan más fuerza cuando tomas a tu bebé entre tus manos.

Llora, respira profundo, vuelve a llorar si quieres y abraza la vida que tienes en tus manos y que es un milagro lleno de ternura y amor infinito. Amo a mi bebé con todas las fuerzas de mi corazón.

¡Gracias por leerme!

Melanie Forey
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