Familias rotas, mal pegadas y en Navidad = una lagrimita escondida

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Voy a lanzar algunas indirectas sobre Navidad, porque en esta tarea de “no meterme en lo que no me importa”, no puedo expresar mucho lo que me molesta, sobre todo porque es verdad, no “debería” importarme.

Pero… ¡sí me importa!, me importa y mucho. Navidad fue distinta, muy distinta este año. Entre familias rotas, mal pegadas y cambios hormonales, me sentí como en el limbo.

Cuando llega Navidad siempre me viene a la mente la época en la que le ayudaba a cocinar a mi mamá, la casa olía a comida rica, a pino recién regado (porque a veces poníamos el arbolito el mismo 24), la casa estaba calientita por la cocina y había regalitos debajo del arbolito de Navidad.

La mesa puesta con el típico mantel de nochebuenas, con copas, platos y cubiertos que nunca usábamos y un reloj impaciente para empezar a cenar. Poníamos un platito para celebrar a Diosito, cenábamos, abríamos regalos y nos íbamos a dormir con una que otra risa coqueta.

Las Navidades desde que ya no soy una niña son distintas, tienen que ver más en cuánto cuesta una cena, cuánto hay que dar para el regalo, ya les da hueva poner un arbolito como para qué si ya no hay nadie en casa. Es más, ya ni en casa están. Dan noticias “importantes” que duelen y que no tienen nada que ver con un día lleno de amor.

Por otro lado, personas que no se hablan, que apenas se saludan y de la forma más seca y triste que pueda existir. Reclamos por dinero, por desamor, por lo que se hizo antes y lo que no se dijo. Hartazgo por la “forma de ser” de algunos y críticas por esa misma forma de ser.

Personas que parecieran en guerra todo el tiempo, tomando bandos y lanzando granadas invisibles que explotan frente a los presentes como si no lo notáramos. Sí, estuvimos juntos, pero mal pegados, algunos rotos y otros recordando, en lugar de generar nuevos recuerdos, porque esos nuevos recuerdos estarían algo tristes y no tan felices como antes.

Los regalos ya no se abrieron debajo del arbolito, porque ya no estamos juntos, divididos por países, por estados o por “formas de ser” que ya no hacen clic. Tampoco se abrieron porque no se “pueden ver” quienes se vieron durante mucho tiempo, por mentiras, por esas mismas críticas a la “forma de ser”, por pereza o porque ya no quieren se parte de una guerra “inexistente” pero existente.

Me salí tantito de la escena para ver lo que me duele y poder afrontarlo con lo que hoy me hace feliz. Mi esposito me lo dijo y me hizo darme cuenta que tengo que dejar atrás esas Navidades y construir nuestras Navidades: Estoy viviendo la mejor etapa de mi vida, y aunque duele dejar atrás lo que estuvo tan shingón, tengo que reconocer que ya no existe.

Son nuevas Navidades, nuevas generaciones, yo no rompí nada, aunque forme parte de esa ruptura. Yo no pegué nada, aunque soy parte del pegamento. Familias rotas, mal pegadas, soy parte, pero no pertenezco. Hoy doy gracias por las bendiciones que recibí cuando era niña, por las bendiciones que recibió mi esposo cuando era niño y doy gracias por las nuevas bendiciones.

Navidad no fue la misma, pero a pesar de mi catarsis por el pasado, no puedo estar más agradecida de haber estado junto a mi esposo, mi perrito y nuestra nueva promesa de amor infinito.

Sólo quería desahogarme y lanzar indirectas.
Sí fue una… ¡Feliz Navidad!

Melanie Forey
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