Existen personas que no tolero ni tantito

Estoy tranquila porque de verdad no le deseo el mal a quien no soporto. Repito muchas veces (en mi educación religiosa): “Que Dios lo bendiga”, y repito muchas veces también (en mi creencia sobre el universo y la energía): “Que mis pensamientos negativos nunca le hagan daño”.

Lo hago porque reconozco que muchas veces el que ciertas personas me molesten muchísimo, tiene que ver con mi forma de ser, con emociones muy profundas que no logro sacar a la luz con lógica o razonamiento, y que yo misma no logro comprender, aunque trabaje todos los días en ello.

También lo hago porque sé que tiene que ver con mi falta de empatía y comprensión a su origen o al comportamiento que me molesta, sobre todo si es una forma en la que no sólo me molesta a mí, sino a muchas personas (sé que ciertas cosas específicas tienen más que ver con mi origen y educación).

Estoy tranquila, no porque me haga la “buena” o la “qué buen pedo soy”, pero en el fondo esté mandando otro mensaje como seguir maltratando a esa persona creyendo que soy superior, no quiero eso, porque tampoco lo soy. Estoy tranquila, porque de verdad, no quiero hacerle daño a nadie ni con mis palabras, ni con mis pensamientos, porque reconozco que el ser incongruente nos puede pasar a todos.

Esas personas me siguen molestando, porque su forma de ser toca fibras sensibles en mí que aún no logro descifrar, pero no quiero gastar mi energía en molestar a esas personas con lo que pienso (sin tener completa la “versión de los hechos”), prefiero educarme a mí misma con un: “no te metas en lo que no te incumbe” y gastar mi energía en entender mis profundas emociones.

Los días en los que no esté tranquila con lo que acabo de decir, es muy probable que me desahogue expresando mi molestia, pero de verdad espero que esos momentos de catarsis en los que nomás exploto a lo bruto, sean los menos, y que los modifique por expresar mi molestia poniendo límites cuando realmente se necesiten.

Esto lo hago también porque si volteo las cosas, es probable que yo también moleste a alguien con mi forma de ser y actuar. En otro momento de mi vida hubiera llorado por esta conclusión y me habría escondido o escapado, y si alguien me molestaba, lo hubiera hecho a un lado, desapareciendo su compañía y presencia de mi vida.

Hoy sé que tengo que aprender a lidiar con personas que me molestan, porque si no lo hago, sería huir de lo que siento, de mí misma y de una excelente oportunidad de crecer y madurar. En resumen, todo esto lo hago por mí y porque los que amo no tienen la culpa, ni la responsabilidad de cargar con mis emociones, ni con mi origen. Lo hago porque quiero que mi bebé tome sus propias decisiones y jamás huya de sí, ni de los demás.

Yo lo hago por tener paz.

Melanie Forey
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