El ser humano y la culpa después del sismo

A más de una semana del sismo, yo sigo viendo caras tristes por las calles, además de sentimientos de impotencia, frustración, miedo y culpa, sobre todo, mucha culpa.

Y es que en esta ocasión no se nos permitió ser indiferentes. Como bien lo dijo Sofía Niño de Rivera (sí, la sigo y sí, soy fan), todos nuestros actos después del sismo fueron y seguirán siendo muy humanos, incluso los que no nos gustan, como la indiferencia.

Cuando pasó lo de Oaxaca y Chiapas (u otras tragedias) lo sentimos, nos dolió, pero lo fuimos olvidando poco a poco, fuimos indiferentes ante la situación, Ciudad de México en particular y el país entero en general.

¿Por qué? Porque, como bien lo dijo mi esposito, nos cuesta trabajo ser empáticos, a menos que… “nos pase”. No como cuando somos indiferentes ante la pobreza, la violencia, la desigualdad y el desamor, porque nos pasa pero de forma aislada.

Ahora fue diferente, *40 millones de personas vivieron el sismo. ¿Puedes imaginarlo? Esto representa el 38% de la población de México. LO SENTIMOS AL MISMO TIEMPO, aunque cada uno a su manera.

Así que no sólo fue UN sismo, fueron MILLONES de historias que  se cuentan a diario. ¿Dónde estabas cuando pasó? ¿A quiénes buscaste primero? ¿Cómo duermes? Tantas personas hablando sobre un mismo tema.

No lo olvides, ¡MÁS DE 40 MILLONES DE PERSONAS! (*Aproximado) Y el sentimiento fue generalizado: MIEDO. Cuánta energía, cuánto desgaste, cuántas noticias, es lógico que el tema siga y más con las historias que aún no han sido contadas.

Las redes sociales se saturaron con esas historias desde un “Estoy bien”, hasta los que pidieron ayuda, ofrecieron ayuda, compartieron información y también se burlaron, porque los hubo (reacciones humanas al fin y al cabo).

Después de todo lo que pasó, empezó LA CULPA, por lo que se hizo en el pasado y por lo que no se hará en un futuro.

Culpa de no haber “ayudado”

Muchas personas no supieron cómo ayudar, veían a tantos voluntarios y rescatistas que no sabían si acudir o no, otros no sabían si debían hacerlo porque no estaban facultados, otros queriendo estar, estaban lejos, muy lejos.

Otro grupo fue el de mamás que cuidaban a sus hijos, queriendo estar, pero sin poner en riesgo a sus hijos y también queriendo estar con ellos más que nunca.

Otros, los que no tenían “nada”, ni dinero, ni posibilidades de acceder a los lugares, entonces sentían culpa de no estar “ayudando” como aquellas personas de las que los medios hablaban.

“¡Quiero ayudar, pero no sé cómo!” “Quiero ser parte de la solidaridad y amor a México” y sigo en mi casa  sin saber qué hacer, perdido y con miedo, mucho miedo.

Sin darse cuenta que el estar tranquilo y que enviar mensajes de tranquilidad y paz también era ayudar, pero no era suficiente para ellos, estar “ahí” en la zona de desastre, levantando escombros o llevando víveres sólo calmaría sus nervios.

Culpa de haber sentido “odio” por el país en algún momento

Qué fue de aquellos mexicanos en el extranjero o de los que están aquí pero que han sentido ganas de irse del país por: narcotráfico, corrupción, inseguridad, feminicidios, impunidad, calidad de vida, bla, bla, bla. ¿Se les olvidó?

Y de repente verse lejos, sentir la nostalgia y amor por el lugar en el creciste, donde está tu familia, donde hiciste amigos… y no poder “ayudar”, pero recordar que en algún momento odiaste tanto a tu país que por eso te fuiste.

Aunque quizá no lo odiaste, sólo estabas decepcionado y la decepción es también consecuencia de un amor grande que dejaste ir. Y sigues sintiendo culpa de no haber estado cuando te “necesitó”.

Pero date cuenta que eres el rostro de México allá afuera, comportarte como un verdadero mexicano te hace fuerte y te hace parte.

Culpa de no haber tomado las medidas de seguridad adecuadas

Tomar a la ligera los sismos, sin pensar que la Ciudad de México corre mayores riesgos debido al terreno donde se encuentra ubicada.

Aunado a lo que hicieron algunas constructoras al ahorrarse material, a la corrupción sobre las regulaciones y normatividad, a que no tenemos personal capacitado para evaluar las edificaciones y a que como ciudadanos nos importa un carajo el mantenimiento de nuestro edificio y regateamos en su costo.

Seguimos siendo mediocres en muchos temas, entre ellos, nuestra propia seguridad.

Culpa de no ser parte de la “solidaridad mexicana”

Sentirte el malo de la película porque no te movilizaste tanto como otros, pero siendo en realidad una muy buena persona, aun así… sientes culpa.

Ser solidario es de todos los días, desde cederle el asiento a una embarazada o persona de la tercera edad, hasta sonreírle a tu familia y ayudar en las labores domésticas, no importa si eres hombre o mujer.

Nos enorgullecemos de la solidaridad del mexicano porque somos “apapachadores”, pero recuerda que en otros países también lo son, sólo que no se habla mucho sobre eso porque son “fríos” o “calculadores”, sólo tienen otras formas.

Hablamos de solidaridad, no sólo mexicana, entonces piensa qué vas a hacer mañana cuando se deje de hablar del tema, eso es también solidaridad.

Culpa de no estar más tiempo con tus seres queridos

¿Ahora quieres ver más a tu familia? ¿Dejaste de pensar tanto en el trabajo y en el dinero? No sólo tú, también muchas personas sintieron culpa de no estar con su familia.

Sentir miedo de perderlos te hace valorarlos, es un cliché, pero sigo insistiendo en el número de personas que se unieron a esto por el sismo… MILLONES.

Antes eran culpas aisladas, ahora son generalizadas de un país que teme por la tragedia y sus consecuencias.

Culpa de regresar a la rutina cuando algunos la pasan muy mal

Quizá no te pasó “nada”, quizá no perdiste “nada”, y quizá quieras regresar a tu vida normal, visitando los lugares que solías visitar, viendo la TV sin que te lleguen noticias, regresando a las banalidades de tu FB. Pero…

¡Te sientes culpable! Porque otros lo perdieron todo y tú no puedes regresar a lo de antes “como si nada” pensando en los que sufren las consecuencias de un sismo. No eres el único.

Enojo, frustración, violencia, miedo

Después de la culpa llega la represión o la proyección culpando al otro. Reprimir lo que sentiste con sentimientos tan humanos como la indiferencia y el olvido, o echarle la culpa a quien se te ponga en frente, incluso a la víctima.

También hay los oportunistas que dejaron de sentir y quieren “colgarse” del tema para vender, para robar, para que se hable de lo humana que es su marca, su empresa.

Enojo con el gobierno, con el de a lado, porque hay corrupción, porque no hubo medidas de seguridad adecuadas, porque se están “clavando” las cosas, porque los soldados no ayudan o entorpecen (cosa de la que no estamos seguros).

Porque todos tienen opiniones y no ayudan en el momento, sólo vemos una pata del elefante que no se nos olvide eso.

También olvidamos que a veces, el silencio es otra forma de ayudar, meditar lo que estás haciendo y dejar de pensar en “el qué dirán”.

Ah, y que no se nos olvide el miedo con el que ahora vivimos, porque muchos han tenido pesadillas, sienten que el piso se mueve o tiembla, pero en realidad no pasa, escuchan la alerta sísmica, aunque no suene. No pueden dormir, están ansiosos, estresados, en fin.

Ahora en la réplica del sábado vi a  personas salir con mochilas (kits de supervivencia) y perfectamente vestidos, como si sólo estuvieran esperando el momento  para “actuar”.

¿Y ahora? ¿Qué hacemos?

Cuánto miedo, cuánta culpa… ¿México volverá a ser el mismo de antes?, no lo creo, porque nosotros somos México y no volveremos a ser los mismos de antes, pero sé que poco a poco regresaremos a nuestra esencia. ¿CUÁL? Esa que no se modifica con el tiempo ni las circunstancias: la individual. Ni mejor, ni peor, simple y esencialmente humana.

Porque tampoco hay que olvidar que SOMOS HUMANOS y eso conlleva sí, a ser solidarios, amorosos, cooperativos, amables, caritativos, pero también a ser…

Indiferentes, oportunistas, valemadres, corruptos, envidiosos, soberbios, intransigentes, protagonistas, violentos, incongruentes…

Humanos que no saben ofrecer disculpas, humanos que le echan la culpa al otro sin ver lo que podrían hacer mejor en un futuro, humanos que cuando todo pase volverán a querer aplastar a otro ser humano no con escombros, pero sí con palabras y acciones.

No se te olvide que mañana el que puede quedar atrapado seas TÚ y no por un sismo, sino por tus propios actos.

¡MÉXICO HOY NOS NECESITA! Pero mañana tú podrías necesitar de él.

*Población total de México: 123 millones 518 270
Zonas afectadas por el sismo del 19 de septiembre 2017 y población en cada una de ellas:

Ciudad de México: 8 811 266
Estado de México: 17 363 387
Michoacán: 4 658 159
Morelos: 1 965 487
Puebla: 6 313 789
Guerrero: 3 607 210
Oaxaca: 4 061 497
Tlaxcala: 1 313 067

Población aproximada que sintió el sismo: 48 millones 093,862

Melanie Forey
Written by Melanie Forey