El NO de madre e hija

Valita tiene dos años y sí, puedo utilizar la palabra “terribles” en este caso, pero sólo para describir la etapa, en realidad la palabra que más uso todos los días es “¡NO!”

He encontrado muchas opiniones sobre esta palabra, en algunos casos le han quitado el significado negativo para transformarlo a una cuestión básica de poner límites en tu vida.

“Decir NO está bien, te sirve para poner límites, no te sientas culpable por decirlo.”

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Nota: Si dices que “Sí” a todo, incluyendo a tu familia, tu pareja, tus amigos, tu trabajo, queriendo complacer a “todo el mundo”, pero en realidad en algunas ocasiones quieres decir que “NO”… buena suerte con tu cansancio.

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El NO de mamá

Es la palabra que más uso para ponerle límites a Valita o para tratar de comunicarle por qué no debería hacer esto o aquello.

Y aunque en ocasiones intento explicárselo, me pierdo en un mar de argumentos que no sé si entienda y es que incluso uso palabras que no ha escuchado en su vida o que todavía no le da significado.

NO, NO, NO, NO… no te tomes el agua de la tina, te puede hacer daño. No agarres eso, está demasiado sucio. No avientes la comida. No puedes ver todo el día caricaturas. No corras en la calle. No le pegues a la gente.

Sí, puedo buscar otras maneras de decírselo sin utilizar la palabra NO, pero en la práctica es más sencillo usarla porque puedes decir tantas cosas con un monosílabo. Además, sé que Valita lo entiende perfecto. ¿Cómo sé que lo entiende?, porque ella misma lo utiliza.

El NO de hija

Ella también usa mucho el NO para ponerme límites, así que eso de que los papás son los únicos que lo hacen, no necesariamente.

A veces los NO de ella, los considero razonables y otros son para mí el producto de su inexperiencia. Traducción: Berrinches porque no obtiene lo que quiere en el momento en que lo quiere.

Pues bien, ella también me dice NO, NO, NO, NO… no te acerques demasiado. No quiero comer más. No quiero caminar. No quiero jugar a eso ahorita. No quiero dejar de jugar esto. No quiero que te vayas. No quiero bañarme. No quiero lavarme los dientes. No quiero saludar. No quiero darle besitos a la gente.

Y así nuestros días, las dos vivimos constantemente “poniéndonos límites” o comunicando lo que no nos parece.

Consecuencias

He tratado de entender sus límites, para algunos le ofrezco disculpas cuando insisto mucho en algo que quizá no sea tan oportuno, porque ella misma marca la pauta sobre lo que ya es suficiente, por ejemplo el tema de su espacio o darle besitos a la gente.

Pero también en ocasiones ha comprendido los míos y cuando le digo “Ya es hora de apagar la tablet”, aprieta el botoncito, se baja del sillón, me da la mano y me pide jugar a otra cosa.

El problema es cuando hay consecuencias que no nos gustan. Por ejemplo, me ha costado muchísimo trabajo lavarle los dientes.

Sí, lo he intentado como juego, pero sé que tengo que ayudarle porque todavía no lo hace de la forma correcta y cuando lo intento se vuelve una tarea IMPOSIBLE… Llora, patalea, me avienta, vuelve a llorar, cierra la boca.

He estado muy preocupada por ese “NO”, y eso me hizo pensar en las consecuencias. Le he dicho: “Valita, es que si no te lavas los dientes, te puede doler mucho después”, pero ella no entiende todavía esas consecuencias porque no las ha sufrido.

Mi aprendizaje

Así que me relajé un poco y empecé a hacer lo que estaba a mi alcance, sin rendirme, pero sin obligarla de tal modo que me dijera que NO siempre. Asumiendo también como madre, que si padece caries y le duele, entenderá que eso fue a causa de no quererse lavar los dientes.

He aprendido mucho últimamente con el NO, sobre límites propios y sobre los límites que te ponen los demás, en específico mi hija. Habrá otros casos igual de interesantes que no son precisamente de madres e hijas.

Puedo decir que sí, la enseñanza más grande del NO han sido LAS CONSECUENCIAS. Si no le pongo límites a Val, tendré que sufrir las consecuencias, al igual que ella.

Lo mismo si ella no me pone límites o si me los pone y yo no evalúo cuáles pudieran ser razonables y cuáles debe experimentar para sufrir las consecuencias, esas que te enseñan en la vida.

Me cuesta mucho trabajo, es un proceso complicado, porque cada NO tiene una historia atrás y una opinión, más allá de madre e hija, ya saben, la opinión de los amigos, los abuelos, los conocidos y no conocidos.

Lo único que sé es que si bien ahora no puedo ver a la distancia tooooooodas las consecuencias, en su momento las viviré y tendré que aceptar, lidiar con ellas y responsabilizarme de mis actos. Así como Valita lo tendrá que hacer con los suyos.

¡NO, HIJA!
¡NO, MAMÁ!

En eso andamos…

Melanie Forey
Written by Melanie Forey