Disciplina, “el patito feo del éxito”

Cuando escuchamos la palabra “disciplina” muchas veces sentimos flojerita, creemos que es un castigo como si nos estuvieran metiendo a una escuela militarizada, pero, si la saben probar de verdad, resulta más placentera que la indisciplina, créanme.

Me gusta saber de dónde viene una palabra y entender por qué le dieron ese fin, así que busqué “disciplina” y… pues… en realidad, no tiene nada que ver con castigo, es más, su origen ES MUY COQUETO Y SEDUCTOR (al menos para mí)

“Disciplina” deriva del latín discipulus, que significa discípulo, o sea quien recibe una enseñanza de otro.

Y sí, tiene una relación autoridad y subordinación, pero esa autoridad no necesariamente es un papá o una mamá, un maestro o un jefe, puede incluso ser tú mismo.

Es un orden, un sistema, un conjunto de reglas estrictas y meticulosas que rigen una actividad, pero también pueden regir tus sueños y lo que amas.

¡Conseguir lo que deseas requiere disciplina! ¡ASÍ DE SIMPLE!

Es también respetar tus deseos, tus sueños, tus ambiciones con dignidad y amor, es alcanzar lo que deseas y no “pa’ lo que te alcanzó”, y no me refiero al dinero.

Utilizar esta palabra como si te estuvieran azotando o castigando, te hará llegar mucho más lento a tus sueños (si eres cursi) o a tus metas (si eres más racional).

Por más banal que se lea, se me ocurrió escribir sobre este tema mientras me lavaba los dientes y es que mientras lo hacía me pregunté: “¿por qué no me voy a dormir y ya?, estoy muy cansada y me tengo que lavar los dientes.”

Entonces, entendí que esa labor de todos los días y después de cada comida implica algo más grande día tras día, implica que yo no tenga problemas de caries, dolor de muelas, que mis dientes estén saludables, limpios y eso, como en una cadenita me lleva a…

Sentirme segura para sonreír, para hablar, me hace sentir bonita, limpia, agradable para mí y para los demás, me hace ser una mejor persona. Así que cinco minutos, o lo que me lleve, valen mucho más que un “ya me voy a dormir, hoy no importa”.

Porque… ¡sí, sí importa! La disciplina necesita:

  • Objetivos claros
  • Constantancia
  • Orden
  • Prevención
  • Planificación
  • Rutina
  • Perseverancia
  • Reglas estrictas
  • Respeto
  • Sacrificios
  • Paciencia
  • Repetición
  • Decir “no” cuando es necesario
  • Ceder ante el orgullo, la envidia, la soberbia y el egoísmo
  • Y amor, mucho amor por ti mismo.

Tristemente hacemos muchas cosas al chingadazo, o aplicamos el “ahorita” por disfrutar del placer momentáneo (lo que sea que estemos haciendo) para olvidar lo que realmente teníamos que hacer.

Decimos “por una vez no importa”, nos encanta saltarnos las reglas y “dejar para mañana lo que puedes hacer hoy” (y terminas no haciéndolo), somos terriblemente flexibles ante lo que queremos porque nos falta disciplina.

Y es que seguimos viéndola como si fuera un castigo, cuando nos estamos castigando poco a poco teniendo lo que no queremos porque no fuimos capaces de levantarnos de la silla en el tiempo y en el momento que debíamos.

Algo que tenemos que hacer, pero nos da flojerita, lo resolvemos momentáneamente con un “ahorita” y eso provoca que, si se hace, se realice con menos detalle, a las prisas y el efecto “cadenita” termina rompiéndose.

También cedemos mucho a la presión de quien te juzga por tener disciplina diciéndote: “matado”, “intolerante”, “no sabes disfrutar de la vida”, “inflexible”, “cuadrado”, “ay, ya, lo haces mañana”, “sólo hazlo por encimita”, “pa’ qué te esfuerzas tanto, qué hueva”. Y… la lista es larga.

Observamos a los que sí lo logran (coloque aquí su sueño preferido) creyendo que hacen lo mismo que nosotros, que se levantan tarde, que son flexibles con lo que comen, con el ejercicio, con las labores domésticas y decimos “qué suertudos son” o los criticamos poniendo pretextos: “Claro, tienen a papi y a mami”.

¿Por qué tienen ese cuerpo? ¿Por qué tienen esa casa? ¿Por qué tienen lo que quieren? Porque decidieron ponerle fin a su indisciplina y disciplinar sus sueños y lo que aman.

Decidieron aprender de los que saben, decidieron ver hacia dentro en lugar de lo que tienen los demás y ser constantes, seguir una rutina y amarse. Decidieron ser los primeros y no los últimos.

Y así entendí que la disciplina de lavarme todos los días los dientes resulta ser mucho más gratificante que irme a dormir sin hacerlo. Ahora (aunque a veces con flojerita), me miro al espejo y lavo cada dientecito a conciencia y feliz.

La disciplina no es un castigo, es un privilegio que se gana con voluntad.

¡Gracias por leer!

 

Foto: © Royalty-Free/Corbis

Melanie Forey
Written by Melanie Forey