Desvalorizamos nuestras emociones negativas, pero también se merecen respeto

Solemos restarle importancia a lo que sentimos, sobre todo si son sentimientos y emociones “negativas”, como tristeza, enojo, ira, envidia, decepción, en fin. Pero yo pienso que quitarles valor es hacer que se queden en nosotros por más tiempo, como inquilinos casi permanentes, pero anónimos.

¿Por qué? Primero estamos nosotros, sintiéndonos culpables o más mal por lo que sentimos (aunque sentir culpa también es un sentimiento negativo jaja). No “deberíamos” estar tristes, porque lo ideal es estar feliz todo el tiempo. Tampoco “deberíamos” estar enojados o iracundos porque “el que se enoja, pierde”. Mucho menos sentir envidia o ser egoístas de vez en cuando porque te hace sentir una pésima persona.

Luego, están los que te aman y que no te quieren ver mal, porque a veces no saben cómo reaccionar ante una actitud negativa. Entonces te dicen cuando te ven triste: “Ya no llores”, “no estés triste”. O cuando estás enojado, “ya no te enojes”, “cálmate”, “tranquilízate”. Puras órdenes, caray.

Ambos escenarios hacen que le restemos importancia a esas emociones y sentimientos, y que los reprimamos en nuestro corazoncito, los hacemos bolita, los desechamos en la basura de nuestro miocardio y continuamos nuestras vidas. Pero, la basura que se acumula ahí no es biodegradable si se olvida.

Estoy realmente convencida que reconocer lo que sentimos nos ayuda a desahogarnos. Por ejemplo, cuando me sentí muuuuy mal, pero de verdad muy mal, estaba triste, deprimida, me sentía sola y decepcionada, y no paraba de llorar, Gabbie pronunció una de las mejores frases que he podido escuchar: “Mel, el dolor es purificador”.

En ese momento no me sentí mejor, al contrario dejé salir todo ese dolor como un bien para mi cuerpo y mi alma, fue entonces que sané. Ella no me dijo “ya no llores”, ella me dio uno de los mejores consejos de mi vida, la frase en sí me hizo entender que no estaba mal que me sintiera mal, que era sólo una etapa para continuar a otra mejor, que estaría bien sintiendo lo que estaba sintiendo.

Otras emociones tienen igualmente un propósito en nuestras vidas, que entenderemos una vez que las respetamos, cuando no las dejemos a un lado, cuando aprendemos a sentirlas, a vivirlas y en un sentido más optimista, “a disfrutarlas” cuando se van. Llorar, enfurecerse, cometer errores, todo lo negativo puede ser tan bueno como lo mismísimo bueno, se le llama equilibrio.

Así, poco a poco he dejado de sentirme tan culpable por lo que siento y, por supuesto, aunque sé que las personas que me aman me dan esos consejos de “ya no llores”, “no te enojes”, “estás loca por sentir eso”, etc, porque me aman, no permito que sus comentarios le resten importancia a lo que estoy sintiendo, porque realmente lo estoy sintiendo.

Mi proceso, cuando puedo hacerlo, es éste:

1. Empieza la emoción o sentimiento, lo dejo ser, llorando, pataleando, enojándome, sintiendo envidia, ira, furia, lo que sea.

2. Luego me calmo y pienso qué me está pasando, entonces me desahogo más.

3. Vuelvo a pensar por qué me pasó, si fue realmente el hecho del presente lo que me hizo sentir así o si fue una combinación de presente con momentos del pasado, que vinieron a mí sin querer por lo que pasé en ese momento en el que exploté. Algo así como la frase de Mario Benedetti:

“Tengo la teoría de que cuando uno llora, nunca llora por lo que llora, sino por todas las cosas por las que no lloró en su debido momento.”

4. Vuelvo a desahogarme.

5. Respiro profundo y ofrezco disculpas si herí a alguien, pero si no herí a nadie, entonces me doy una palmadita en la espalda imaginaria por permitirme desahogarme.

6. Quizá vuelvo a tener otra catarsis.

7. Busco razones para estar mejor, no quitándole importancia a lo que sentí, sino preguntándome cómo estaría mejor.

8. Ya estoy bien.

Claro, es una situación súper ideal, y un proceso que suena muy bien, no es que lo haga a diario, porque también soy medio visceral y Katy Kaboom. Además, soy de esas personas que no se da cuenta que se victimiza y se aferra a emociones negativas como una adicción destructiva. Pero, en la mayoría de los casos, es el proceso que me gusta utilizar.

No es que hagas lo mismo que yo, quizá tengas uno distinto. Yo sólo quiero compartirte mi experiencia de no restarle importancia a lo que estás sintiendo, de no olvidar las emociones negativas, de no quitarles valor, porque siempre traen consigo algo mejor. Porque si las olvidas o las reprimes, jamás saldrán de ti, haciéndote más daño que si las dejaras ser.

Sé que lo último sonó un poco a una orden como el “ya no llores” jajaja, pero no encontré mejor manera de expresarlo. Por cierto, por si te interesa, es algo así como la película “Intensamente”, ¿la viste?

Espero que tengas un proceso purificador, como yo lo tuve.

Abrazo

Melanie Forey
Entradas creadas 193

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones relacionadas

Comienza escribiendo tu búsqueda y pulsa enter para buscar. Presiona ESC para cancelar.

Volver arriba