De entrometidos avergonzados

Yo soy una entrometida avergonzada, de esas que hablan sobre lo que deberías hacer, decir y cómo actuar, pero con una perspectiva colérica, resentida e irrespetuosa. Ofrezco disculpas a quienes maltraté con ello.

Lo cierto que es muy difícil no ser entrometido, porque cuando observas al mundo e interactúas con él, estarás absorbiendo ideas, historias y conceptos de otras personas que quizá no te gusten, entonces querrás que el mundo se vuelva a tu forma y reaccionarás:

  1. Manifestando tu descontento y emitiendo juicios para que esa persona cambie de su perspectiva a la tuya.
  2. Con los puños en alto, a la defensiva, asustado, como si te quisieran lastimar en todo momento.
  3. Ignorando y siguiendo tu camino.

Supongo que existen muchas más reacciones al respecto, pero estas han sido las mías, y en todas ellas hay un grado de mi yo entrometido.

“Vivir y dejar vivir”

Deberíamos reflexionar sobre las frases populares con mucho más énfasis y usarlas con sentido y no simplemente como una muletilla, porque su sabiduría es mucho mayor que su fama.

Las personas no van por la vida pensando cómo hacerte daño, las personas no actúan para molestarte, las personas no son como son para incomodarte o agredirte.

Las personas, al igual que tú, son el resultado de sus experiencias y en muchas ocasiones ese resultado ni siquiera es consciente por ellas mismas.

Las decisiones y actos afectarán únicamente a quien los realiza, a nadie más. Es difícil escribirlo, supongo que mucho más leerlo, porque es quitarle la responsabilidad a otros de tu bienestar y malestar, incluso si te han dañado muchísimo.

Ser un observador de la vida de los demás, pero sin ser metiche, te vuelve empático y compasivo. Cuando alguien te hace daño, no lo hace porque seas tú, sino por lo que vivió y lo que aprendió de lo vivido, tiene miedo, dolor, tristeza, resentimiento, tiene asuntos sin concluir que le quitan la paz. Entonces, entiendes.

Yo no solía hacerlo mucho, así que criticaba y juzgaba el modo de actuar de los demás. Cómo deberían hablar, qué deberían decir, cómo deberían vestirse, cómo arreglar su hogar, su vida, incluso de qué personas deberían alejarse y a quiénes acercarse o qué candidato presidencial elegir.

Me pasó mucho con mis padres y, aunque aún sigo teniendo la misma perspectiva acerca de su vida, decidí no ser una entrometida y ponerme límites a mí y no a ellos. Entender que su historia de vida no es la mía, porque lo que viven ahora es producto de sus decisiones, al igual que lo que yo vivo.

Decirles lo que deberían hacer bajo mi perspectiva puede ser muy sencillo, y yo estaré esperando que lo hagan, sin respetar que ellos estén mirando otro espacio en el cielo, quizá miren de reojo las margaritas del campo o la mierda de sus zapatos, who knows, pero eso es ASUNTO SUYO.

No sólo con ellos me ha pasado, he sido entrometida con personas cercanas, amigos y familiares, diciéndoles qué deberían haber hecho para que no me hubieran incomodado. Que gran error mío, ellos sólo actuaron, pero están muy ocupados viviendo sus vidas como para interesarse en mis “incomodidades”.

Todo es mucho más fácil, TODO absolutamente todo, cuando sólo te enfocas en ti mismo. Las personas actuarán, dirán, contestarán, pensarán bajo su perspectiva.

En muchas ocasiones querrás intervenir por ayudar, pero quizá deberías pararte un poco a reflexionar si realmente quieres ayudar o que se hagan las cosas a tu manera para no sentirte incómodo.

Los entrometidos buena y mala onda

Pero bueno, es súper difícil no emitir juicios acerca de lo que estás viviendo, sé que suele pasar más seguido en situaciones que te desagradan. A mí me pasa también cuando me meto en conversaciones ajenas o hago comentarios sobre algo que está pasando, pero que suelen parecer entrometidos.

Sé que en estos casos puede ser inevitable ser entrometidos, pero será en buena onda mientras tus comentarios sean lindos y no escupas “culebras”, ¿cómo darte cuenta? Siempre habla de lo bueno, no ataques y utiliza la comprensión y la empatía.

Los entrometidos mala onda no suelen darse cuenta, poniendo sus gustos y comodidades primero que las de los demás. Por ejemplo: “qué mal se te ve el cabello corto, pareces niño.” ¿A alguien le ha pasado decirlo o escucharlo? Son tan sutiles que los pasas por alto.

Serán también mala onda cuando traten de imponer su manera de pensar y actuar, juzgando las de los demás como incorrectas. Y bueno, ¿quién te dice a ti que lo que haces tú sea lo correcto? Enfócate en ti y todo saldrá bien.

“Mucho ayuda el que no estorba”.

Vuelvo a las frases populares, porque es cierto, la mejor manera de ayudar a una persona es no ponerle juicios en el camino, ni obstáculos que lo impidan aprender de las consecuencias de sus actos.

Entrar a la vida de alguien siempre será como invitado, respetarás las reglas de ese hogar, pero tú decidirás si quedarte o irte pronto, lo mismo si deciden pedirte que te vayas, porque SIEMPRE serás un invitado.

Y cuando alguien te visite a ti, tú decidirás qué vajilla utilizar y si limpiar o no, y también podrás indicarle cuándo debe salir y aceptar cuando alguien no se quiera quedar.

El ser entrometido viene dado mucho de un resentimiento, sobre todo cuando alguien te incomodó o te dañó porque tocó el “botoncito rojo sin querer”, entonces le dirás lo que debería de hacer “para no volverte a dañar o incomodar”, aunque lo entrecomillado no lo aceptes, ¿o sí? Entonces lo justificarás con frases como “es por tu bien.”

La forma de vivir de las personas de al rededor no tiene por qué influir en la forma en la que tú quieres vivir, tampoco son responsables de tus carencias, defectos o virtudes.

Muévete si no te gusta. ¿Cómo es eso? Difícil de aceptar, ¿verdad? Porque es más fácil culpar a otros y señalar al otro que vernos a nosotros mismos.

Además, el ser entrometido quita mucho tiempo y es poco productivo, porque las personas JAMÁS actuarán como tú quieres, quizá una vez que lo hagan, cambiarás de modo de pensar, todo esto sucederá mientras no arregles tu propio hogar para los invitados.

Valora tu tiempo y considera no meterte en la vida de los demás, como simple recomendación, porque quizá ser un entrometido sea parte de tu aprendizaje… y yo aquí nomás de habladora. Y es que sí, todavía no se me quita lo metiche.

Di lo que no te gusta pero sin atacar, habla pausado y con calma sobre aquello que te está dañando, no por la otra persona, por ti. Dejar ser entrometido no significa que no expreses lo que te molesta o te hace daño, sino que una vez que lo hagas, decidas si quedarte o no, sin dejarle la responsabilidad al otro de cambiar. ¡Cambia tú!

Oye, y si tu no sueles ser un entrometido, ¿podrías tenernos tantita paciencia a los que sí? Decimos comentarios inoportunos o llenos de rabia porque todavía no somos muy responsables de lo que decimos y sentimos. Deja que nuestros comentarios se los lleve el viento.

Mientras tanto, pensaré en otra actividad mucho más productiva. ¡Lo prometo!

¡Gracias por leer!

*Nota: Perdóname si opiné sobre cómo vives, cómo te vistes, cómo trabajar, cómo actuar, qué deberías tirar o qué no, cómo deberías cuidarte, cómo elegir el lugar donde vivir, cómo deberías arreglar tu ropa o llevar una rutina, cómo deberías tratarme, cómo debes darme “mi espacio” o cómo reaccionar ante mis miedos, incluso si te dije qué hobby debes tener. Perdóname si he sido entrometida en tu vida. Te prometo que ahora procuraré ser sólo mi propia entrometida. Con amor, Mel.

 

 

Melanie Forey
Written by Melanie Forey