Compasión

A lo largo del año he aprendido sobre la compasión… por los demás, por los que te hicieron daño (sin querer y queriendo), pero sobre todo, compasión por ti mismo, esa es la parte más difícil.

Busqué la definición como tal cuando quise explicar este punto y me provocó cierta tristeza, y es que últimamente había relacionado la compasión con el estar enojada con alguien, no porque estuviera padeciendo, eso lo llevaba a un segundo término. Explico por qué:

En realidad, aplicaba el sentir compasión por “esa persona” cuando quería dejar de estar enojada por cosas que ni deberían importarme. He de confesar que yo soy de ese 100 por ciento de la población que se toma las cosas personales, cuando ni al caso.

Pues bien, compasión en términos estrictos es ese sentimiento de tristeza que produce el ver padecer a alguien y que impulsa aliviar su dolor, remediarlo o evitarlo. ¿Qué tiene que ver entonces con sentir compasión por alguien que te provoca enfado? Tiene que ver y mucho.

Mi terapeuta me dijo que sentir compasión muchas veces lo vemos mal porque creemos que es lástima, pero realmente no lo es. Para mí, es entender sus circunstancias, visualizar sus propios conflictos, no tomarlo personal y perdonar con un abrazo de consuelo por lo vivido en ambos lados.

Había estado muy enojada por cosas que no me corresponden, pero tenía mucho que ver con mis propios conflictos. Soy una persona muy estricta incluso conmigo misma y no podía permitir que alguien no lo fuera porque, ¿por qué esa persona sí y yo no? Esto último lo descubrí con el tiempo, no es que lo pensara de una, eh.

Después hice ejercicios para dejar pasar, dejar fluir, dejarme ser yo misma, porque así como empecé a sentir compasión por quien yo estaba enojada, también lo empecé a sentir por mí. Viéndome a mí misma como indefensa, triste, malherida y con el corazón roto, fue entonces que entendí.

No soy la única en el mundo con sueños pisoteados, y sobre todo si yo no sabía por qué reaccionaba mal, mucho menos iba a saber lo que le pasaba al corazón de los demás. Si bien es cierto que cada uno es responsable de su propia vida, en muchas ocasiones no nos damos cuenta de cómo actuamos, sobre todo cuando actuamos.

Así, fui comprendiendo que a quienes tenía que abrazar era a las personas que más me enojaban, porque ellos también tenían conflictos sin resolver, un profundo desamor por sí mismos y un miedo tremendo a ser lastimados. Todo eso me hizo sentir compasión, mucha compasión.

Y en realidad, no en el sentido de lástima que deja cierto desdén en la palabra, sino una compasión para abrazar a quien sin querer o queriendo te hizo daño, porque lo más seguro es que se estuviera haciendo más daño a sí mismo. Entonces, empecé a perdonar y a perdonarme a mí misma.

Así las cosas…

Melanie Forey
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