De niños observamos a los gigantes queriéndoles robar su identidad. Disfrutamos el poder de sus manos que pueden alcanzar la alacena. Detestamos su voz autoritaria, pero admiramos su valía ante los demás miembros de su mundo enorme. Mientras tanto, nosotros nos divertimos corriendo, pasándolas, quemándonos en la base, creando un nuevo y mejorado mundo, en donde hay colores que aún no hemos visto, bailes que usan más que los pies, y dibujos en la pared envidiados por Picasso. Ahora, quién nos puede decir que no somos gigantes, si tenemos el valor de enfrentarnos a ese nuevo mundo… aun con la sabiduría de unas canas, todavía jugamos a “Las Traes”.
– Melanie Forey

Las Traes

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