Atento aviso: No sé escuchar

Tengo un grave problema: No escucho a las personas. Me lo han dicho más de tres personas en distintas circunstancias y comencé a pensar que quizá tenían razón.

No es una regla que si muchas personas digan algo que no les gusta de ti, estés haciendo algo mal. Pero si te incomoda, si lo reflexionas y encuentras algo de verdad en ello, tal vez debes poner atención a lo que te están diciendo.

Pues bien, esto es básicamente para reconocer públicamente y con toda la vergüenza de mi corazón que: No sé escuchar a las personas. Bueno, no siempre y no con todas, sin términos absolutistas, por favor.

Lo hago de dos formas en específico. La primera, muy directa: interrumpiendo a las personas cuando están hablando sin darles el tiempo de terminar, queriendo exponer mi punto de vista “a la de ya”.

La segunda: justificando todo lo que hago o digo, sin darle tampoco la oportunidad a la otra persona de expresar su opinión, haciéndole notar que lo que dice no es importante porque “no comprende mi situación.”

Bueno, algo así, hay otras formas de no escuchar, pero al menos esta es la mía: Interrumpir y justificarme.

“Me gana el protagonismo.”

He estado muy absorta en lo que me pasa que lo único que busco es “reconocimiento” a todo el esfuerzo y trabajo físico, emocional y social que estoy haciendo. Pero, en realidad no me estoy dando el tiempo de escuchar para mejorar.

Cuando interrumpo

Se dice que la mayoría de las personas sólo escucha un 25% de lo que dicen los demás. Un bajísimo porcentaje de lo que deberíamos estar escuchando, porque todo habla, incluso nuestros movimientos.

En realidad, lo que se escuchamos son palabras y no interpretamos sentimientos. Nos encimamos en las palabras de la otra persona, pensando siempre en lo que nosotros sentimos, pero no en lo que las otras personas están sintiendo.

Lo hacemos porque “digan lo que digan”, ya tomamos una postura sobre el tema. Si no te detienes a escuchar con atención lo que la otra persona dice, no entenderás realmente la raíz del problema, que en muchas ocasiones eres tú mismo.

No queremos asumir responsabilidades

En mi post anterior hablaba sobre la culpa y cómo queremos deshacernos de ella regalándola, pero sin darnos cuenta que quien es el único responsable de lo que nos pasa es uno mismo.

Sucede que cuando no escucho a las personas interrumpiéndolas es porque no me quiero hacer responsable, no quiero asumir que las decisiones que estoy tomando y sus consecuencias son sólo mías.

Un proverbio oriental dice: “Nadie pone más en evidencia su torpeza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido”.

Cuando me justifico

Y cuando me justifico ante cualquier conflicto o postura, estoy cerrándome a la posibilidad de tener la paz que tanto busco.

No quiero cambiar de perspectiva, no quiero tomar en cuenta los sentimientos de la otra persona, no quiero tomar decisiones radicales que cambien mi vida.

No quiero ser ni empática, ni comprensiva, lo único que quiero es seguir encerrada en lo que estoy sintiendo, quejándome, pero sin salir de ahí, porque es cómodo, conocido y porque una vez más no me hago responsable de lo que no me gusta.

“El placer de las lágrimas.”

No le pidas a otros que cambien si tú no quieres cambiar, no le pidas a otros que te escuchen, si tú no escuchas y no justifiques tus actos con tu pasado o tu presente. Tus decisiones y consecuencias son sólo tuyas.

Me di a la tarea de investigar cómo podemos escuchar correctamente y encontré esto que quizá te pueda servir también a ti.

Cómo escuchar de verdad

¡Pon atención, carajo! No mires la televisión, no veas el teléfono, mira a la persona a los ojos, tan sencillo como este primer paso.

Relájate. Si comienzas una plática con una actitud a la defensiva, con desgana, con gritos o incluso con lágrimas, no llegarás al punto, quizá lo hagas, pero te tardarás mucho más.

Cuida tu lenguaje corporal. No es tan sencillo, porque quizá sea involuntario, pero puedes comenzar con esto: No fruncir el ceño, no hagas muecas, no voltees a otro lado, no muevas la pierna con desesperación, no sonrías con sarcasmo.

Todo esto importa y mucho aunque no estés interrumpiendo y estés (muy entrecomillado) “escuchando”.

¡No interrumpas! (esto va para mí). Se dice fácil, pero no es tan sencillo. Quieres exponer tu opinión sobre una frase, pero sin escuchar todo el contexto, esto se volverá una batalla sin fin sobre quejas y reclamos. Deja que la otra persona te dé pie a hablar o hasta que termine.

Haz preguntas tranquilo y pausado. Las preguntas ayudan a que esa persona ahonde más en el tema y quizá descubran juntos lo que ni la otra persona había tomado en cuenta.

Trata de escuchar también sentimientos. Cuando escuches a otra persona, imagina cómo se siente, trata de ponerte en sus zapatos para comprender completamente su punto de vista. ¿Qué sentiría yo si estuviera en su lugar?

Si tú quieres

Saber escuchar es complicado, sobre todo si te dejas llevar por tus sentimientos de tristeza e ira, porque escuchar implica un dominio de ti mism@ para poner atención y tratar de mirar con otra perspectiva que no sea la tuya.

Intenta ese dominio de ti, intenta perdonar y sobre todo intenta escuchar a la otra persona con empatía.

Yo sigo en el proceso de aprender a escuchar, aún no gano la batalla, pero de vez en cuando me pongo “mis estrellitas en la frente” cuando escucho con atención y amor.

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¡Gracias por leer!

Melanie Forey
Written by Melanie Forey