Afortunadamente yo sigo enamorada

Estar enamorada es de esas sensaciones que a veces me provocan comezón, además de algunas cuantas cosquillas con todo y sus “efectos secundarios”. En realidad, el estar enamorada es una de esas cosas que puedo presumir con los cachetitos coloraos.

Como muchos, al principio me enamoré de una ilusión, incluso de mi torpeza espontánea cada vez que lo veía, de sus pasitos lentos por aquel pasillo con una mochila amarilla en la espalda, me enamoré de su mirada hacia el piso, hacia mí, hacia el coche de a lado.

Me enamoré de lo que sentía con sus primeros besos y de la emoción por comer helados junto a él, bonita combinación: azúcar y besos. También me enamoré de su desfachatez y junto con eso de la palabra misma. Eres un chico “desfachatado” y eso me trae “di un ala”.

Junto a él he hecho y no hecho cosas, en realidad, sí, he aprendido mucho. Por cierto, qué locura los conciertos, los estoy empezando a amar, no tanto como a él, pero junto a él… insisto, qué locura. Brincar, brincar, brincar, cantar, cantar y otras aventuras.

Al principio me enamoré, así de sencillo. Ahora, al enamorarme me “enprincipio” todos los días, al parecer sigue lo nuevo, las sorpresas, eso que no esperabas que hiciera y al mismo tiempo esperabas y lo hace con un plus integrado, con su estilo, mejorando mi imaginación.

Afortunadamente, todavía me pongo nerviosa los viernes como a eso de las 3:45 por aquello del “viernes toca”. Y entre semana, lo nerviosita comienza como a las 8:00 pm o cuando escucho rechinidos en la entrada acompañados del ruido de un motor pequeño. Además, afortunadamente cuando lo huelo comienzan a rebotar mis hormonas y no otras cosas, sí, afortunada yo soy.

Estoy enamorada de su grinchés, de sus tenis, de sus manos, de su risa cagada, de cómo saluda a nuestro perro, de sus tweets y las reacciones por los tweets de los demás, de que se apasione (mas no por lo que se apasiona, aún trabajo en eso del amor al futbol).

Enamorada estoy del no poder, ni querer, ni imaginar ya no estar con él, del que cada día me conozca más y le atine a lo que me regala, de que sepa las palabras exactas que voy a decir en una situación al azar; también lo estoy de sus frases coquetas y de los apodos que me pone (convencionales no tanto, guarros un mucho).

Estoy enamorada de sus chistecitos sobre mi ser empalagoso (masoquista soy, lo sé), de su forma de dormir, del que haya sido un desmadre, sea un desmadre, siga siendo un desmadre y le valga serlo. Estoy enamorada de cómo tolera mis cambios de ánimo. Ok, sí, es mi esposo y sigo enamorada de él, afortunadamente.

Me pregunto qué diré de él en algunos años, bah, no importa… hoy estoy enamorada.

Melanie Forey
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