¡Adiós, 2017! Gracias por la nostalgia

El 2017 fue un año nostálgico… mi bebé está dejando de ser bebé, me reconcilié con mi origen, recordé mi infancia y le dije adiós a cariños que creí eran para siempre.

Mi pequeña Val

Fueron las primeras veces de mi pequeña, sus primeros Reyes Magos, su primera fiesta en grande, su primer cumpleaños, su primer viaje en avión, sus primeros pasos, tantas primeras veces que quisiera amontonarlas todas y dormir con ellas cada noche.

La nostalgia llegó al darme cuenta que no volverá a usar ropita tan chiquita, que no tendrá las manitas y piecitos de ese tamaño por siempre, que su cabello crecerá, que ya no me pedirá que la cargue, ni volverá a cumplir un añito.

Quiero verla volar y disfrutar de la vida, de los postres, de la comida deliciosa, de la lluvia y la tierra mojada, de los viajes, de estar enamorada y comer helado cuando le rompan el corazón, pero verla crecer da nostalgia y mucha.

Ella ha sido lo mejor del año, sus carcajadas, sus primeras palabras y su amor por Coco hacen de mis días los más felices. Nadie me ha visto con tal amor como ella, nadie me ha necesitado tanto como ella, nadie me cambia el humor como ella… Gracias, esposito.

Mi origen

Este año visité a mi hermanita, ella vive lejos (muy cerca de Santa), y me di cuenta de todos los años que han pasado, así de golpe, entonces recordé nuestra infancia, nuestra pequeña soledad en donde jugábamos ella y yo, sólo ella y yo.

Darme cuenta que está tan lejos y que esos desayunos para desahogarse o las salidas de compras no serán tan frecuentes en los próximos años, me hizo sentir una vez más… nostalgia, por todo lo que hemos vivido juntas y separadas.

También estuvieron ahí mis padres, recordándome tradiciones familiares, sopa caliente en días lluviosos, pasteles de cumpleaños y el hogar donde crecí, a lo bruto, pero donde crecí y aprendí a caminar, a llorar y a amar.

Las fiestas

Fue también un año de fiestas, la boda de mi hermanita, el bautizo de Val, su primer cumpleaños y todos nuestros cumpleaños también, incluyendo el del esposito changuito.

Todas estas celebraciones tuvieron su debida preparación, trabajo en equipo y mucho amor. Estuve muy activa en cada una de ellas, creando con mis manitas recuerditos y espacios felices, así que Fantasías Miguel y Parisina me deben muchas de sus utilidades.

Me encantó todo ese trabajo y también la experiencia, porque no sabía por dónde empezar y aunque terminé exhausta y con los bolsillos a medias, la satisfacción de haber logrado que todo se viera como en mis sueños, fue un regalo para mi corazón.

Qué nostalgia ver esas fotos, qué nostalgia recordar el trabajo, la pintura, los recortes, el silicón caliente, los moños, los detalles, la gente que ayudó, me soportó y me dio lo más importante para mí: su agradecimiento por el esfuerzo.

Mamá emprendedora

En este camino, también tuve que buscar oportunidades, comencé a la par de mi trabajo actual algunas actividades para obtener más ingresos.

Se dio así “Portachupones La Foreys”, algo que empezó como un gusto personal por los accesorios para mi bebé fue tomando forma para llegar a participar en un bazar: Momzilla Fest.

Aunque no tuve mucho éxito en el bazar, fue un buen comienzo para darme cuenta que puedo hacer otras cosas como emprendedora, todo con el firme objetivo de que mi horario me permita estar más tiempo con mi pequeña Val.

Ahora estoy con lo de las invitaciones digitales, así que si quieren, pueden revisar costos y algunos ejemplos en este LINK. (Salud por el comercial)

Las despedidas y la desilusión

Fue también un año de autoconocimiento, estuve mucho tiempo a la defensiva, tratando de que el mundo se adaptara a mí, pero entendí que lo mejor es que yo me adapte al mundo.

En el proceso tuve que despedirme de algunas personas, aprender a tolerar la desilusión y a dejar ir, sólo dejar ir… Hakunamatata.

Tuve que despedirme de mi utopía y decirle adiós también a la frustración de otras personas sobre mi vida, porque aunque no quise, tuve que enfrentar que mis decisiones afectan a otros, inevitablemente.

El amor

Fue un año en el que no cedí mucho, permití que otros sentimientos que no eran nada parecidos al amor me invadieran en pensamientos y acciones, y vaya que hice daño, sobre todo a personas que no lo merecían. Tuve que pagar el precio.

Sentí nostalgia de la veinteañera, la que se lanzaba así, la que olvidaba fácil, la que vivía ilusionada y enamorada del amor. No soy la misma, pero sigo teniendo su esencia, sólo que, a veces, cuando uno está muy cansado se estrella con algún árbol.

El perdón

No fue un tema fácil, pero cuando entendí lo que es realmente el perdón (o al menos para mí) todo fue más sencillo.

Entendí que perdonar no significa olvidar ni que no habrá consecuencias, significa dejar de sentir ira, enojo y dejar de buscar una supuesta justicia.

Entendí que el perdón significa “dejarlo pasar”, no es dejar de sentir dolor, es no permitir que esa herida te siga haciendo más daño.

Y así se fue el 2017, con una nostalgia que no había sentido en mucho tiempo, porque sí, ya no tengo 20 y eso, por el contrario, me ha hecho mirar atrás, sentir nostalgia y seguir mi camino con un poquito de madurez, aunque todavía no sea suficiente.

Gracias, 2017. Bienvenido, 2018.
Melanie Forey
Written by Melanie Forey