Acciones concretas para perdonar

Perdonar es un acto tan complejo como liberador, tan agobiante como lleno de paz y tan intenso como reparador.

El perdonar requiere de una gran fuerza de voluntad, humildad y de un gran amor por la vida, porque se trata de algo más allá que utilizar la palabra “Perdón”.

Esta ha sido mi chamba de los últimos meses, no porque sienta que soy “súper bondadosa”, sino porque quiero dejar de sentir tanto enojo, porque vaya que me ha traido problemas.

El mayor de ellos es el no haber perdonado a los que sin querer y sin ninguna intención, me lastimaron. Pero como dije, el perdonar es mucho más complejo que sólo pronunciar la palabra.

Así, me he puesto a leer mucho sobre el perdón: perspectivas psicológicas, espirituales, médicas. He visto videos, preguntado, y también he sufrido consecuencias, esas te enseñan mucho.

No, no soy experta en el tema, pero lo que he aprendido me ha ayudado a llevar acabo acciones concretas, porque para mí resultaba muy ambiguo eso de “Perdona”. Sí, ok, pero… ¿cómo se hace eso?

Mis conclusiones

Muchos piensan que perdonar es olvidar lo que nos hizo daño, si se tratara de eso, todo sería más fácil y el perdonar no lo es, porque al no serlo… vale la pena.

En el conflicto, incluso con nosotros mismos, es donde descubrimos qué debemos mejorar y qué camino tomar para encontrar nuestro propósito.

Perdonar no es olvidar

Se trata de ver a esa persona que te hizo daño, mirarla con compasión, más no con lástima, sonreírle, saludarle, desearle el bien y seguir tu camino.

Perdonar es dejar de guardar resentimiento, ¿sabes lo que es? Es ese sentimiento que te da vueltas en la cabeza una y otra vez, que te hace sentir triste y enojado a la vez. Pensando “por qué me trataron tan mal.”

El resentimiento es esa furia y dolor que te hacen querer aplastarle la cabeza a tu “enemigo” buscando con ello desaparecer el dolor.

Pero no sabemos que ese dolor no es de esa persona, no le pertenece, no vive en ella, pero sí en ti. Entonces, tú puedes decidir sobre lo que es tuyo.

Perdonar significa dejar de esperar que se te pague la deuda creyendo que sólo entonces te sentirás tranquilo, porque por más que se te “pague” en tus términos, nunca será suficiente para ti.

Porque vengarse o esperar que le pase algo malo alimenta tu dolor, porque dentro de ti sabes que ese dolor no pasará aun cuando esa persona lo “pague” como tú quieres.

Por qué no queremos perdonar

No perdonamos porque creemos que si lo hacemos es aceptar que esa persona se quede sin castigo por lo que hizo. “¿Cómo es que vive tan feliz después de todo lo que hizo?”

¿Y por qué no? Si es feliz por las causas justas, entonces aprendió a respetar y amarse como para no hacerle daño a alguien más, eso quiere decir que también aprendió la lección.

Además, si este mundo estuviera lleno de personas felices, las ofensas y los daños serían menores, eso habría que agradecerlo.

Pero si lo que tú entiendes por felicidad es que siga dañando a otras personas sin recibir castigo, lo que tú no ves es el pozo profundo en el que esa persona quizá esté metida, y entonces… te darás cuenta que en realidad no es feliz.

“Si lo perdono, es como restarle importancia a su falta.”

“Si lo perdono, tendré que olvidar lo que me hizo.”

“Si lo perdono, tendré que soportar que me lo siga haciendo.”

¡NO A TODO LO ANTERIOR!

No se puede olvidar, si existiera una pastillita o algún tipo de tratamiento para borrar acontecimientos que nos hicieron daño, perderíamos la capacidad de aprender y evolucionar, porque del dolor también surgen momentos felices.

Lo que es perdonar

Perdonar no sólo es decírselo a la persona, quizá no se lo tengas que decir con palabras, puedes perdonar a esa persona sin que esté presente.

Perdonar es dejar de pensar en aquello que te hizo daño auto provocándote tristeza, lágrimas, furia y enojo.

Es liberar tu mente de pensamientos sobre cómo podrías hacerle daño o cómo podría pagarlo o qué le dirías si lo tuvieras enfrente resaltando sus errores una y otra vez. Que, dicho sea de paso, ya fueron, ya no existen, ya viven en el pasado.

Es más, cuando te lleguen esos pensamientos cambiarlos por otros repletos de compasión, porque esa persona tiene una historia y una razón de ser, causas que lo llevaron a actuar de una forma que te hizo daño, muchas veces sin pretenderlo.

También te puede ayudar el pensar en lo que esa persona sí hizo bien, no es restarle importancia a su falta, es reconocer que existe esa falta, pero que también ha actuado con bondad.

Si te es imposible pensar en algo bueno, lo mejor es dejar de auto lastimarte con pensamientos sobre la venganza. Y pensar en otros temas que sí te hagan sonreír.

Y una vez más, perdonar es ver a esa persona que te hizo daño, mirarla con compasión, sonreírle, saludarle, desearle el bien y seguir tu camino.

Lo que NO es perdonar

Permitir que te sigan lastimando. Parte del perdonar es poner límites, ni física, ni mentalmente permitirás que te sigan lastimando. Pon un alto, porque perdonar no significa seguir en el piso.

Existen consecuencias, pero las que son impuestas por ti como “ya no le voy a hablar por lo que me hizo”, es seguir queriendo darle un castigo.

Al perdonar, no debemos pensar en una retribución o en una forma de hacerle daño a la otra persona, pero eso no quiere decir que NO existan consecuencias, como que la relación no vuelva a ser como antes o simplemente deje de existir.

Esas consecuencias son provocadas por los límites, el amor propio y de un dejar de esperar a que se te pague el daño.

En suma, las consecuencias se darán solitas, sin que las pongas tú. Si perdonas a esa persona tóxica, pero al mismo tiempo haces un trabajo de sanación y autoestima, es probable que se aleje de ti o tú te alejes de ella, esa será una consecuencia no escrita con odio.

El perdón no te obliga a la reconciliación. Si ya no quieres una relación con una persona, no la tengas. Pero deja de esperar a que se comporte como tú quieres o que sufra lo mismo que tú. Simplemente, sigue tu camino sin pensar en lo que te hizo y cómo puede pagártelo.

Y otra cosa… ¿Realmente debes estar ofendido?

Esta es otra forma de ayudarte a perdonar, ¿es de verdad que esa persona te quiso hacer daño? ¿O sólo fue la gota que derramó el vaso de un cúmulo de experiencias dolorosas?

Piensa bien en ello, vuelve un poco atrás no para quedarte en el pasado, pero sí para entender tu presente e ir sanando de una en una las heridas, no quiere decir olvidarlas, sino evitar tocarlas, hasta dejar ese vicio que tienes de encontrar placer en las lágrimas.

Entonces, sé comprensivo. Nadie es perfecto y muchas veces actuamos sin pensar con base en nuestro origen y experiencias que nada tienen que ver con la otra persona. Quizá tú también hayas ofendido a alguien y también te tengan que perdonar.

Porque en un trabajo interior, entenderás cuándo no te estás desahogando, sino “poniéndole más leña al fuego” al odio y al resentimiento.

Comprométete. Es posible que recaigas en la ira y el enojo, no te sientas culpable y te vuelvas a tirar al piso, porque eso nos encanta… una vez más el placer de las lágrimas. Así que comprométete a que “sólo por hoy no te enojarás.”

Cuando te venga a la mente aquello que te dolió, compénsalo con algo que te hizo muy feliz.

Ve paso por paso, perdonar lleva tiempo así que haz una lista de posibles tareas que puedes hacer para perdonar: sonreírle, dejar de quejarte, actuar con amabilidad, más no con hipocresía, cambiar pensamientos negativos por positivos… ocuparte en tareas gratificantes.

Piensa que perdonar no significa que eres débil ante la ofensa, todo lo contrario, se necesita fortaleza y MUCHA… SOBRE TODO FUERZA DE VOLUNTAD para perdonar.

No tienes que dejar de sentir enojo o ira, se trata de que no te sientas culpable de sentirlo aun cuando ya perdonaste, se trata también de no dejar que esas emociones te consuman.

Perdonar es para ti, para sentirte libre, a salvo, para que la herida no te cause más daño de lo que ya te causó.

“Perdonar significa dejar de esperar a que se pague la ofensa o provocar que se te pague y así… seguir tu camino.”

 

Perdonar es ser libre.

Melanie Forey
Written by Melanie Forey